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Entre ángeles y pesetas: El legado de mi abuela e historias de las iglesias de Matillas

La historia de Matillas no solo se escribe en los libros oficiales, sino en la memoria viva de quienes presenciaron los días más oscuros de nuestra tierra. En esta charla con mi abuela, Josefa Fernández (q.e.p.d.), rescatamos el relato de lo que ocurrió en lo alto del cerro, en la antigua iglesia de Matillas.
El incendio en Matillas
Todo comenzó con el estallido del conflicto. El pueblo fue testigo del primer golpe contra su patrimonio. Mi abuela lo recuerda con total claridad:
«Al principio del de la guerra quemaron la iglesia de Matillas La vieja.»
Aquel acto no fue algo lejano o ajeno, sino algo que ocurrió cuando el país entero ya estaba sumido en el caos:
«Fíjate, ya estaba la guerra levantada y bien levantada. Ya había frentes por muchísimos sitios.»
Los responsables y la destrucción
Al preguntar sobre quiénes llevaron a cabo aquel incendio, el testimonio es crudo y directo sobre los autores y el estado en el que quedó el edificio:
«Y los que la quemaron eran del mismo pueblo. Comunistas. Fueron tres. Fueron tres para destrozar todo y quemar todos los habitáculos del cura y todo. La quemaron los rojos. La destrozaron los rojos. La dejaron con las paredes solo.»
Dentro de aquellas paredes, antes de las llamas, se encontraba la devoción de todo un pueblo organizada en sus altares:
«Allí estaba San Antonio en un altar. Y en el otro el Sagrado Corazón. Y luego la Inmaculada en el altar mayor. Y el altar era todo con ángeles.»
El rescate del ángel y la pila bautismal

Del esplendor de aquel altar mayor apenas quedó nada, salvo un pequeño milagro y la pesada piedra de la pila que hoy todavía se conserva en la nueva iglesia:
«Pero lo quemaron todo, solo quedó la pila bautismal y un angelito del altar mayor.»
Ese angelito no se salvó por azar, sino por la valentía de mi bisabuela, que se arriesgó en medio del desvalijamiento para preservar un pedazo de historia:
«Mi madre fue corriendo y salvó un ángel que estaba suelto. Y lo guardó y lo metió entre los teguillos del tejado.»
La iglesia como cuartel y la reconstrucción forzosa

Con el avance de la guerra, el uso del edificio cambió drásticamente. Lo que fue un templo pasó a ser el centro logístico de las tropas que llegaron después:
«Y luego vinieron los italianos y los nacionales y entonces hicieron allí el cuartel y obligaron a los rojos a arreglar toda la iglesia. A todos los prisioneros los llevaban con una manga cortada para distinguirlos de lejos si era prisionero o no era. Para que veas tú, hay muchas cosas pero malas.»
Bajo la supervisión de los nuevos mandos, se intentó devolver al templo una apariencia de normalidad, aunque las imágenes ya no fueran las originales:
«Luego, cuando la hicieron los rojos, arreglaron los altares porque estaban también destrozados y trajeron otras imágenes. Pusieron otras imágenes parecidas.»
El día a día en el pueblo estaba marcado por la presencia constante de tropas extranjeras:
«Durante la guerra la iglesia estuvo llena de militares y de estos, ¿cómo se llaman?, italianos. Sí, llena de italianos estaba la iglesia. Y el pueblo todo lleno de carrascas puestas y adornadas con verde. Lo utilizaban como si fuera un cuartel. Como no tenían local ninguno en el pueblo más que ese, pues lo utilizaron para guisar, allí guisaban.»
La tragedia humana más allá de las paredes
Pero la conversación no solo trata de edificios; trata de las vidas que se perdieron en los alrededores de Matillas, en lugares que hoy pisamos sin pensar en lo que allí ocurrió:
«Y a los curas que podían enganchar, el de Peñablanca, el de Membrillera, allí lo mataron. En la curva que hay en Peñablanca que hay una piedra grande de arena, allí hicieron una cruz, una raya como una cruz y allí lo mataron. Al cura de Membrillera. Mataron muchos y sin ser curas. A mi suegro, que le echaron a Miralrio por eso se lo llevaron y no sabemos dónde están los restos.»
El descenso a Matillas y la nueva catedral
Acabada la guerra, poco a poco la vida se trasladó a la Estación y nació con ello la necesidad de tener la parroquia más cerca de casa:
«La capilla de la fábrica la hicieron porque a la gente ya les costaba subir a Matillas a misa. Entonces pasaron de la de Matillas a la de la fábrica»
Con el crecimiento de la Estación y el paso de los años, se proyectó la nueva iglesia que preside hoy la Plaza Mayor, una construcción que para mi abuela superaba con creces la sencillez de las capillas anteriores:
«Eso es, eso que ya es una catedral. Ya, fíjate ¡pues para qué tanta iglesia!»
Pero levantar aquella «catedral» no fue cuestión de subvenciones ni de ayudas externas; fue el resultado del sacrificio directo de los vecinos, que durante mucho tiempo trabajaron y restaron una parte de sus humildes salarios para ver su iglesia terminada:
«Y luego tuvimos que estar los demás dos años o tres pagando no sé si eran cinco o eran diez pesetas todos los meses para pagar los gastos que había habido.»
Una historia de iglesias de Matillas
Desde las paredes desnudas de Matillas La Vieja hasta la “nueva catedral”, la historia de nuestras iglesias refleja la evolución del pueblo. Un camino marcado por la pérdida, el traslado y, sobre todo, por los sacrificios por mantener viva la fe.
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domingo, 18 de enero de 2026 / No Hay Comentarios » / Por Equipo Matillas.org
¿Sabes por dónde pasaba la calzada romana que cruzaba Matillas?

Parece increíble, pero hace casi dos mil años, por los alrededores de Matillas ya circulaban los carros romanos. Lo que hoy es una carretera más fue en su día una vía principal del Imperio Romano, parte de una red monumental que conectaba todos los rincones de Hispania.
Los estudios arqueológicos y los proyectos de cartografía histórica confirman que el tramo de calzada romana que pasaba por Matillas coincide prácticamente con la actual CM-1003, la carretera que nos une con Bujalaro y Villaseca.
La calzada seguía el camino más lógico y amable con el terreno, cruzando el valle junto a los ríos Henares y río Dulce, cuyos cursos marcaban el recorrido más sencillo para avanzar.
Más adelante, la calzada no pasaba por Mandayona, sino que desde Villaseca subía hacia El Cerrillar y continuaba luego hasta Segontia (Sigüenza) siguiendo el recorrido de la actual CM-1101.

Éramos parte de la Vía Augusta
El tramo de Matillas formaba parte de la Vía XXV del Itinerario de Antonino. Era una de las arterias más importantes del Imperio en Hispania, ya que conectaba Augusta Emerita (Mérida) con Caesaraugusta (Zaragoza) a través de los valles de los ríos Henares y Jalón.
Esta ruta unía la Meseta con el valle del Ebro y era clave para el transporte de tropas, mercancías y viajeros.
Restos y vestigios en la zona de Matillas
A día de hoy, apenas se conservan restos visibles de la antigua calzada romana en Matillas (¿quizás el puente romano?), pero las referencias históricas y los estudios nos permiten reconstruir parte de su recorrido.
Se han hallado fragmentos de empedrado muy antiguo y compacto entre Humanes y Espinosa, y se sabe que la vía seguía por Carrascosa, donde aparecieron restos romanos entre los ríos Henares y Bornova.
Desde allí, el camino continuaba por la margen derecha del Henares hasta las cercanías del kilómetro 104 del ferrocarril, donde cruzaba el río. Luego, por la margen izquierda, avanzaba cerca de Jadraque y Bujalaro, para cortar hacia la vereda de Matillas La Vieja, bajo sus dos cerros gemelos.
El escritor seguntino del siglo XVIII Diego González Chantos, en su obra Resumen de Correcciones, ya escribió que:
“No es solo en aquel sitio del término de Mandayona donde se han encontrado restos de la antigüedad romana, sino también no lejos de aquella villa, a la entrada occidental del valle en que existe, esto es, cerca de Matillas…”
También las Relaciones Topográficas de Felipe II mencionan que por Matillas pasaba un camino real muy transitado, lo que refuerza la idea de que el trazado romano se siguió utilizando durante siglos.
En el siglo XVIII se documentaron hallazgos arqueológicos en el inicio del valle del Dulce, probablemente de origen romano, aunque por desgracia no han llegado hasta nosotros restos materiales de aquella época.
Cómo se construía una calzada romana
Los romanos no improvisaban. Sus carreteras eran auténticas obras de ingeniería, construidas con un método tan meticuloso que muchas aún se adivinan bajo caminos actuales.
- Estructura: se levantaban por capas: una base de piedras grandes (statumen), encima una capa de arena y grava (rudus), luego otra de grava triturada (nucleus) y, finalmente, una superficie de losas de piedra (pavimentum), todo rematado con una capa de rodadura de zahorra.
- Ingeniería: buscaban siempre la rectitud del trazado y un firme muy resistente, de hasta 90 cm de espesor, compactado con rodillos tirados por animales.
- Marcadores: cada milla romana (unos 1.450 metros) se señalizaba con un miliario, una columna cilíndrica que indicaba la distancia y, a menudo, el nombre del emperador que había ordenado construir o reparar la vía.
No todas las calzadas estaban enlosadas: solo las más emblemáticas, como la Vía Apia. La mayoría eran de tierra apisonada, perfectas para los caballos sin herraduras que usaban los romanos.
Un legado bajo nuestros pies
Toda esta información se puede consultar de forma muy visual gracias al proyecto Itiner-e, en el que plasman todas las rutas en un Google Maps de las calzadas romanas. Hoy sabemos que los romanos llegaron a construir más de 300.000 kilómetros de carreteras en Europa y el norte de África, de los cuales unos 40.000 recorrían la península ibérica.
Muchos de esos caminos siguen vivos, camuflados a los pies de carreteras modernas como la CM-1003 que cruza Matillas. Puede que ya no queden miliarios ni empedrados visibles, pero cada vez que recorremos esa carretera, seguimos las huellas exactas del camino que hace veinte siglos conectaba Mérida con Zaragoza, y que convirtió a Matillas en un punto más dentro de la red que sostenía todo un imperio.
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miércoles, 10 de diciembre de 2025 / Comentarios desactivados en ¿Sabes por dónde pasaba la calzada romana que cruzaba Matillas? / Por Equipo Matillas.org
Adiós al 19293: Matillas pierde su código postal (pero no su identidad)

A veces los cambios llegan sin hacer ruido, pero dejan huella.
Desde hace un tiempo, Matillas ha dejado de tener su propio código postal. El 19293, ese número que durante años nos ha acompañado en cartas, facturas y recuerdos, ha sido sustituido por el 19294, el código de Mandayona.
Hasta ahora, compartíamos el 19293 con Cendejas de la Torre, Cendejas de Enmedio y Cendejas de Padrastro. Éramos una pequeña familia de pueblos unidos por cinco cifras que nos identificaban en el mapa.
Pero de un plumazo, esa seña de identidad ha cambiado:
Ahora Matillas pasa a ser 19294, junto a Mandayona, Castejón de Henares, Villaseca de Henares y Aragosa.
Las Cendejas, por su parte, pasan a formar parte del 19245, que ahora comparten con otros once pueblos.

Un cambio administrativo… pero no inocente
Según podemos deducir la causa de esta reestructuración es una “reorganización interna” de las rutas logísticas de Correos. Así Correos «ajusta» los códigos postales cuando se fusionan centros de reparto, se cierran oficinas rurales, cuando se reorganizan las rutas para optimizar las entregas.
Y claro, mantener un código postal para un solo buzón ya no sale a cuenta. ¿La solución? agruparlo con el del municipio más cercano.
Eficiencia, lo llaman. Pero para nosotros, a eso se le llama perder identidad.

Cuando un pueblo pierde su código postal
Cuando un pueblo pierde su código postal, no desaparece del todo… pero algo se apaga .
El número que antes encabezaba nuestras cartas y recibos no era solo una cifra: era nuestra forma de existir en el mapa. Era una manera de decir: “Aquí estamos”
Durante décadas, el 19293 fue un símbolo silencioso de pertenencia.
Cada vez que lo escribíamos, reafirmábamos que Matillas seguía viva, reconocida, visible. Pero ahora ese número ya no nos pertenece.
Y aunque sea un simple cambio administrativo, también borra un pedazo de historia.
No se nota de golpe, pero sí en los pequeños gestos: al rellenar un formulario y ver que ya no sale “19293 Matillas”, al recibir una factura con otro número, al buscar el pueblo en Internet y no encontrarlo bajo el código de siempre. Entonces, alguno dirá con cierta tristeza:
“Yo soy 19293.”

Resistir desde la memoria
En muchos pueblos que han perdido su código, los vecinos siguen usando el antiguo como un acto de resistencia. Lo escriben en los buzones, en las cartas o en la memoria. No por nostalgia vacía, sino por afirmar que siguen existiendo, aunque el sistema haya decidido simplificar el mapa.

Porque un pueblo no muere solo cuando se queda sin gente o sin servicios.
Muere cuando deja de tener nombre, número o identidad propia.
Y aunque ahora el cartero venga con la ruta de Mandayona, Matillas sigue siendo Matillas.
El código postal cambiará, sí. Pero la esencia de un pueblo no se borra con cinco cifras.
Y por cierto —para que no quede duda— nosotros seguimos siendo los mismos: nuestro correo sigue siendo matillas19293@gmail.com.
Porque hay números que, por mucho que cambien los mapas, seguimos llevando con orgullo.

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domingo, 26 de octubre de 2025 / 2 Comentarios » / Por Equipo Matillas.org
Crónica de una metedura de pata (o de cómo nosotros fuimos la noticia)

Lo primero de todo: disculpas.
A todas las personas que se hayan podido sentir ofendidas por el artículo publicado a principios de esta semana.
Nunca fue nuestra intención herir sensibilidades ni señalar a nadie. Nos dejamos llevar por conclusiones precipitadas y, la verdad, metimos la pata hasta el fondo.
Vamos al tema:
Hace unos días publicamos un artículo con una foto tomada en 2010 en Mandayona. En esa imagen se anunciaba una futura promoción de cuatro apartamentos de una habitación y un dúplex.
Quince años después, quisimos preguntarnos qué habría pasado con aquel proyecto: ¿se habrían construido las viviendas? ¿seguiría en pie el edificio antiguo? ¿se reconvertiría en peña? o ¿quizá solo quedaría un solar vacío?
La realidad era que, tras década y media, allí solo quedaba el solar. Nada se había levantado.
A partir de ahí hicimos una reflexión (quizá demasiado rápida) sobre los efectos de la burbuja inmobiliaria en nuestros pueblos y cómo algunas promociones quedaron en el camino tras la crisis de 2008. Para nosotros era un ejemplo de su tiempo, un símbolo de aquellos tropiezos inmobiliarios de principios de siglo.
Eso era todo. Curiosidad, pura y dura. Ni morbo, ni sarcasmo, ni ganas de molestar.
Sin embargo, hoy hemos recibido un mensaje privado que nos heló la sangre: “El artículo de Mandayona… salvo error por mi parte creo que el proyecto se paró debido a la enfermedad que terminó con el fallecimiento de la persona que era la promotora.”
En ese momento solo pudimos pensar: tierra, trágame.
Nos pasamos de frenada, sin darnos cuenta de que detrás de ese proyecto había una historia humana, mucho más delicada de lo que jamás imaginamos.
Por respeto, consideración y miramiento, hemos decidido retirar los artículos relacionados. Sentimos de corazón si alguien se sintió molesto. No era nuestra intención y lo lamentamos profundamente.
Gracias por vuestra comprensión. Seguramente este no será el último error en Matillas.org, por mucho que nos pese. Equivocarse es humano; aprender de ello, necesario.
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jueves, 18 de septiembre de 2025 / Comentarios desactivados en Crónica de una metedura de pata (o de cómo nosotros fuimos la noticia) / Por Equipo Matillas.org
El expolio silencioso de la iglesia de Matillas la Vieja

La puerta de la iglesia de Matillas la Vieja ha sido, durante siglos, uno de los elementos más reconocibles y simbólicos del patrimonio del pueblo. Una portada románica sencilla que representaba la puerta de acceso a la vida comunitaria y espiritual de Matillas.
Sin embargo, lo que vemos hoy no es solo fruto del paso del tiempo, del abandono o de la falta de mantenimiento.
Lo que ha ocurrido con esta portada es un expolio en toda regla: piezas robadas, arrancadas y dispersadas, probablemente en el mercado de antigüedades. Y eso no es simple deterioro, sino un delito contra el patrimonio histórico, penado por ley.
Una portada románica
La iglesia de Matillas la Vieja se levantó en estilo románico, probablemente entre los siglos XII y XIII. Es un templo humilde, pero con los elementos característicos de ese arte: arcos de medio punto, capiteles esculpidos y columnas que enmarcaban la portada. Cada uno de esos detalles tenía un valor no solo artístico, sino también identitario.
Hoy, buena parte de ese conjunto ha desaparecido. Los capiteles, las columnas, el arco interior y hasta las propias puertas fueron desapareciendo poco a poco, dejando tras de sí un esqueleto desnudo.
La evolución en imágenes
Gracias a las fotografías que se conservan, podemos trazar una línea del tiempo de cómo ha cambiado esta entrada a lo largo de las décadas:
Siglo XX

Foto Cebfihgu- Andrés Pérez Arribas
La portada todavía se muestra entera: puerta de madera cerrada, columnas laterales con capiteles decorados y un arco interior completo. Un acceso sencillo, pero con la solemnidad del románico.
2006

Aunque el desgaste ya era notable, aún permanecían en pie algunos elementos esenciales como la parte del arco. Los capiteles parece que se intuyen. La puerta aún estaba, dejando paso al interior en ruinas, pero la portada seguía reconociéndose como monumental.
2013
El paseo hasta la entrada en 2013 nos revela un estado intermedio: ni intacta, ni todavía en ruina total. La portada aún mantenía parte de su estructura, aunque empezaba a mostrar grietas y pérdidas importantes. Era el preludio de un deterioro que ya no se detendría:
2015

Los capiteles y el arco interior habían desaparecido y las columnas empezaban a resentirse.El acceso quedaba como un hueco desnudo hacia el interior abandonado. La portada se transformaba en un marco vacío de lo que fue.
2022

La imagen más desoladora: el arco interior prácticamente perdido, la piedra gravemente dañada y los escombros invadiendo la entrada. Apenas queda un vestigio de la antigua portada, amenazado por el colapso definitivo.
Más que ruina: un robo de memoria
La degradación de la portada de Matillas la Vieja no es una simple historia de abandono rural. Es la evidencia de que el patrimonio, cuando no se protege, se convierte en blanco fácil del expolio. Cada pieza desaparecida no se pulveriza en el olvido, sino que probablemente se encuentra hoy en algún jardín privado o en manos de coleccionistas.
La iglesia de Matillas la Vieja nos recuerda que el patrimonio no son solo piedras viejas, sino la memoria colectiva de un pueblo. Cada fragmento robado es una pérdida de identidad.
Quizás aún estemos a tiempo de conservar lo que queda y evitar que esta historia acabe en el olvido.
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lunes, 8 de septiembre de 2025 / Comentarios desactivados en El expolio silencioso de la iglesia de Matillas la Vieja / Por Equipo Matillas.org
Estos Sitios Están En Todos Los Pueblos. en TODOS

En esta parte de Guadalajara hay cosas que son tan fijas como el calor en verano. Son esos lugares de siempre, que están en todos los pueblos, pero que cada cual los siente como suyos: aquí hay sitios que no fallan.
Son los «lugares comunes» de nuestros pueblos. Son los clásicos de la comarca, los que no fallan, los autóctonos de esta tierra.
No hablamos de monumentos ni de postales. Hablamos de lo que realmente importa: el pilón, las bodegas, el frontón, las colmenas y las peñas.
Si tu pueblo no tiene alguno de estos, revisa, porque igual no es un pueblo de Guadalajara.
El Pilón: Siempre Está Ahí
Si no hay pilón, no es un pueblo. Así de claro.
El pilón es mucho más que una fuente. Es el meollo del pueblo y donde más de uno ha terminado dentro después de alguna fiesta (accidentalmente… o no tanto).
El pilón sirve para todo: para refrescarse, para sentarse a charlar y para acabar dentro cuando el tema se va de las manos.
Las Bodegas: Mejor Que Cualquier Terraza
Son fresquitas, tienen vino casero y siempre hay algo para picar.
Aquí las bodegas no son postureo. Son el sitio donde se bebe bien, se come mejor y se cuentan las mejores historias.
Aquí se arreglan los problemas del mundo, se repasan las fiestas y se celebra la vida con un vaso en la mano.
Las bodegas de esta tierra no se entienden, se viven.
Spoiler: casi ninguna historia de bodega empieza pronto ni termina pronto.
El Frontón: El Ring Local
Todos los pueblos de aquí tienen uno. Si no, se improvisa.
Es el sitio donde los chavales se pegan partidos eternos y donde los piques no se olvidan ni con los años.
Si el frontón hablara… más de uno saldría en los créditos.
Las Colmenas: Miel De Aquí, Punto
Las colmenas son la joya escondida de muchos pueblos de Guadalajara.
No es miel cualquiera. Es miel de pueblo, miel de esta tierra, miel de las buenas. La miel del pueblo no tiene rival, sabe a campo, a verano y a meriendas que te arreglan el día.
Aquí las colmenas son parte del paisaje. Y quien dice que nunca ha probado la miel del pueblo… no ha vivido.
Las Peñas: Donde se lía
Si un pueblo no tiene peñas, es que no hay fiesta. Así de simple.
Las peñas son el punto de encuentro, el cuartel general, el sitio donde se organiza todo (y se desorganiza más). Aquí nacen las mejores historias (y también las que nadie se acuerda). Si hay peña, hay jaleo asegurado.
Aquí se come, se bebe, se canta y se lía. Y si no se lía, no es peña.
Los Lugares Comunes (De Aquí, Sí o Sí)
Puede haber un pueblo con más o menos gente, más grande o más pequeño, pero si estás por esta zona de Guadalajara, estos sitios los tienes sí o sí.
Son lo que nos une. Lo que hace que todos los pueblos sean especiales, pero al mismo tiempo sean parte de lo mismo.
Y tú, ¿conoces algún otro «lugar común» que nos hemos dejado? Cuéntanoslo.
Te leemos. Y si hace falta, vamos de ruta para comprobarlo.
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jueves, 3 de julio de 2025 / Comentarios desactivados en Estos Sitios Están En Todos Los Pueblos. en TODOS / Por Equipo Matillas.org
Toda la vida viéndola ahí… y nunca supiste lo que era

Ahí está. Quieta, firme, como si el tiempo no pasara por ella. La ves nada más llegar al barrio de Los Pozos: una silueta de hormigón recortada contra el cielo, como una torre vigía olvidada… o una chimenea sin humo. Lleva ahí toda la vida. Pero, ¿alguna vez te has preguntado qué es?
Ese gigante silencioso no es una torre de vigilancia, ni un monumento moderno, ni una estructura abandonada sin más. En realidad, es mucho más interesante de lo que parece: es un antiguo depósito elevado de agua. Aunque hoy lo veamos desmantelado, vacío y sin uso, en su día fue el alma del barrio de Los Pozos.

¿Y qué hacía esa torre?
Pues nada menos que dar agua a las casas de la fábrica. Esta estructura era clave en el sistema de abastecimiento de las viviendas de la colonia de la fábrica que se asentó en Los Pozos. Su función era tan sencilla como ingeniosa: guardar agua en lo alto para distribuirla por gravedad. Sin cables, sin electrónica. Solo la fuerza de la altura.
Cuando aquí no había casi nada y casi nadie…

Hace un siglo, Los Pozos era apenas un puñado de casas. Estaba la casilla de Renfe, una pequeña granja de cerdos, la escayola… y poco más. La fábrica construyó tres casitas adosadas para sus trabajadores. En una vivía la señora Mercedes, en otra el señor Mariano, y en la tercera, el barbero. Hoy ya no queda rastro de esas casas. Pero sí sigue en pie la torre que les abastecía de agua.
¿Cómo llegaba el agua hasta lo alto?

Aquí viene lo curioso. El agua no caía del cielo, ni se recogía con canalones. Se extraía de pozos cercanos y se bombeaba hacia arriba con motores hidráulicos, que en aquella época funcionaban con vapor o diésel. Una vez el depósito estaba lleno, la presión natural hacía el resto, llevando el agua a los hogares, a los lavabos, a los fregaderos. Todo funcionaba gracias a ese depósito que, ahora, pasa casi desapercibido.
Un trozo de historia que aún resiste
Hoy, la torre está seca y sin uso. Pero sigue firme. A pesar del paso de los años, de la intemperie y del olvido, permanece como un símbolo del pasado industrial de Matillas: de esfuerzo compartido y de soluciones prácticas y brillantes.
¿Y si le devolvemos su valor?
Quién sabe. Tal vez algún día forme parte de una ruta histórica, o tenga una placa que cuente su historia. Por ahora, solo quienes preguntan —o leen esto— sabrán que esa estructura de hormigón es mucho más que una ruina. Es memoria. Es identidad. Es un testigo de todo lo que un día fue.
Así que la próxima vez que pases por delante, míralo con otros ojos. No es solo una torre. Es parte de ti. Parte de Los Pozos. Parte de la historia de Matillas.
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domingo, 1 de junio de 2025 / 1 Comentario » / Por Equipo Matillas.org
El Gurugú vive: Aves, rastros y naturaleza en Matillas

Hace unas semanas, publicamos en el blog una foto de un pájaro que nos encontramos en el Gurugú:

Al principio, pensábamos que se trataba de un mirlo o un tordo común, pero pronto recibimos un mensaje que nos hizo abrir los ojos (¡y la mente!) hacia nuevas posibilidades.
Vane, amante de la naturaleza y miembro de la Asociación Micorriza, nos escribió para aclararnos el misterio: el pájaro en cuestión no era ni mirlo ni tordo, sino una chova piquiroja. ¡Vaya sorpresa!
Según Vane, es bastante raro que este ave se dejara ver por aquí, ya que suele habitar zonas rocosas. Sin embargo, nos explicó que las paredes que hay en el Gurugú podrían ser un buen lugar para que esta especie anidara. Y ahí las vió Vanesa:
Esto despertó nuestra curiosidad y nos llevó a preguntarnos: ¿qué otras sorpresas podría guardar este rincón natural de Matillas?
Una exploración inolvidable
Intrigada y emocionada por el hallazgo, Vane decidió investigar in situ qué otras maravillas podría esconder el Gurugú ¡Y vaya si las encontró!
En una excursión que realizó a finales de febrero, Vane volvió con un reportaje fotográfico espectacular y un montón de descubrimientos que nos dejaron con la boca abierta.
Durante su paseo, además de la chova piquiroja, avistó los primeros aviones roqueros de la temporada, que revoloteaban con su característica agilidad entre los riscos, y escuchó el canto inconfundible de la perdiz, resonando entre la vegetación. También se encontró con cogujadas, carboneros, mosquiteros y tarabillas, cada uno aportando su propio sonido a la sinfonía natural del lugar.
La flora del Gurugú: una explosión de vida
Pero no solo las aves captaron su atención. En su recorrido, Vane fotografió la flora típica de Matillas: la carrasquilla arbustiva, las aliagas en flor y nos mostró las diferencias entre quejigos y encinas (¡los quejigos son de hoja caduca!):
Además, identificó agallas del rosal causadas por avispas y descubrió alguna mariquita de siete puntos, señal de que la primavera ya estaba tomando protagonismo.
Rastros de mamíferos: huellas de vida oculta
Incluso cuando los mamíferos no se dejan ver, Vane nos mostró que sus huellas y rastros cuentan historias fascinantes.
Encontró excrementos de zorro, que delataban una dieta de bayas y pequeños mamíferos, además de darnos una pista sobre sus hábitos: estos animales suelen dejar sus marcas en caminos y sobre piedras o arbustos para marcar territorio:
Por la zona también identificó señales de corzos y ovejas, y más abajo en el pueblo, descubrió la gallineta o polla de agua, nadando con elegancia entre los juncos en el río. Por cierto, nos explicó también la presencia en el Gurugú del junco churrero, que indica la existencia de humedad en la zona, algo fundamental para muchas especies.
Una invitación a conocer la naturaleza
Además de todo este conocimiento, Vane nos dejó un valioso consejo: podemos utilizar aplicaciones que ayuden a identificar aves y plantas.
Por ejemplo, nos recomendó el Identificador de Aves de SEO/BirdLife, y para las plantas PlantNet y ÁrbolApp, aplicaciones prácticas para todo aquel que quiera explorar la naturaleza con un poco más de información en el bolsillo:

Y nos recordó una frase inspiradora de Juan Luis Cifuentes Lemus: “Lo que se conoce se quiere, y lo que se quiere se cuida”.
Este tipo de iniciativas no solo enriquecen nuestro conocimiento del entorno, sino que también fomentan el amor por nuestro paisaje, por nuestras aves y nuestras plantas. Agradecemos enormemente a Vane por su espíritu curioso y su pasión por la naturaleza. Gracias a ella, hemos descubierto una faceta del Gurugú que muchos desconocíamos.
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domingo, 11 de mayo de 2025 / Comentarios desactivados en El Gurugú vive: Aves, rastros y naturaleza en Matillas / Por Equipo Matillas.org
¿La iglesia es fea?

Una mirada con cariño (y algo de autocrítica) a nuestra Iglesia de la Inmaculada Concepción
Hace un tiempo vinieron unos amigos a conocer Matillas. Paseando por el pueblo llegamos a la plaza. Ahí estaba nuestra iglesia. Al ver sus caras, supe que no les entusiasmaba precisamente. Les pregunté qué les parecía… y aunque no dijeron nada, su silencio habló por ellos.
Y ahí me di cuenta de algo curioso: uno puede bromear con los defectos de su pueblo, pero cuando los comentarios vienen de fuera, ya no hace tanta gracia. Aun así, como suele decirse, cada uno tiene su opinión -y todas valen-, aunque no siempre coincidan.
Empecemos…
Como toda obra arquitectónica, la Iglesia de la Inmaculada de Matillas no está exenta de críticas, especialmente si se observa desde un punto de vista estético, funcional o emocional. Sin quitarle valor histórico, vamos a construir una mirada crítica, equilibrada y honesta de una iglesia que a algunos visitantes les puede generar cierto rechazo o incomodidad.
1. Sensación de frialdad
Una de las críticas más comunes a la iglesia es que no transmite calidez. Su diseño rectilíneo, la escasa ornamentación y el uso de materiales sobrios (cemento, revoques rústicos, techos altos) pueden dar una sensación de frialdad o vacío, especialmente en el interior. A diferencia de las iglesias más antiguas que abrazan al visitante con madera, colores cálidos o elementos decorativos, esta parece más «oficial» que espiritual.

(La ilustración es una interpretación libre)
2. Falta de belleza tradicional
No es «fea» en un sentido absoluto, pero sí se aleja de la idea clásica de belleza religiosa. A quienes están acostumbrados a iglesias barrocas, románicas o góticas, esta construcción puede parecer demasiado simple, incluso tosca. Para algunos, carece de alma artística o de una narrativa visual rica. Esto puede hacer que pase desapercibida o que no despierte emociones profundas.

(La ilustración es una interpretación libre)
3. Poco acogedora
Ligado a lo anterior, su interior también puede parecer distante o impersonal, especialmente si no está bien iluminado o decorado. Los bancos fríos, el suelo austero y la escasa decoración pueden provocar una experiencia más cercana a un acto institucional que a un espacio de recogimiento espiritual. En invierno, además, se acentúa esa percepción de lugar frío y poco acogedor.

(La ilustración es una interpretación libre)
4. ¿Sobredimensionada?
Otra crítica que a veces se oye es que la iglesia es grande para el número actual de feligreses. Cuando se construyó, Matillas vivía un auge industrial, con la fábrica de cemento y la actividad ferroviaria en marcha. Hoy, con menos población activa en la zona, el espacio puede parecer excesivo, vacío, incluso desproporcionado en relación con la actividad que alberga.

(La ilustración es una interpretación libre)
5. Falta de identidad estética local
Muchos pueblos conservan iglesias que reflejan su historia, su estilo regional o incluso su artesanía. En cambio, esta iglesia responde más a un diseño “estándar franquista”, aplicado con pequeñas variaciones en muchas zonas rurales del país. Eso puede dar la sensación de que no es “propia” del lugar, sino algo impuesto desde fuera.

(La ilustración es una interpretación libre)
Entonces… ¿es fea?
No, no lo es. Es simplemente diferente.
No es una joya barroca, pero tampoco lo pretende. Es nuestra iglesia, y eso ya le da un valor que no tiene ninguna otra. A veces, lo que nos hace dudar de su belleza es precisamente lo que la hace especial: su sobriedad, su contexto, su historia.
Aun con sus críticas, la Iglesia de la Inmaculada es un testimonio del contexto histórico en el que se construyó. Tal vez no enamore a primera vista, pero tiene un valor simbólico, social y cultural innegable.
Así que la próxima vez que alguien venga a visitarnos y pregunte con cara de no entender:
«¿Esta es la iglesia del pueblo?»
Podremos responder con una sonrisa:
«Sí. Y tiene mucho más que contar de lo que parece.»
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domingo, 20 de abril de 2025 / Comentarios desactivados en ¿La iglesia es fea? / Por Equipo Matillas.org
¡La Fuente de Matillas vuelve a la vida!

En un rincón con historia de Matillas, donde las piedras guardan secretos del pasado y el agua siempre fue símbolo de vida, la antigua fuente ha vuelto a manar. Y no, no fue cosa de magia (aunque se sintió como tal), sino del empeño, la ilusión y el trabajo conjunto de vecinos, voluntarios y la Asociación Micorriza.
Una fuente con memoria
La Fuente de Matillas ha sido testigo de generaciones. Aunque en los últimos años su caudal se apagó, muchos sabíamos que, con cariño y trabajo, podía volver a brotar. Por eso, cuando llegó la propuesta de Micorriza, nadie dudó en prestar su apoyo y empeño.
El proyecto, titulado “Actuaciones de conservación de puntos de agua en Sistemas de Alto Valor Natural”, está financiado por el programa Apadrinamientos LIBERA y SEO BirdLife, y contempla acciones de conservación para evitar la degradación de hábitats naturales y recuperar espacios como este, tan valioso para nuestro entorno y nuestra historia.
Una jornada pasada por agua… ¡pero de la buena!
La mañana amaneció nublada, con esas nubes grises que amenazan pero no detienen. Y aunque el tiempo no acompañaba, las ganas fueron inagotables. Vecinos de Matillas, voluntarios y el equipo de Micorriza se reunieron en torno a la fuente para limpiarla, desbrozar su entorno, aprender sobre su historia y devolverle un poco de su antiguo esplendor.
Mónica, que participó activamente en la jornada, lo resumió así:
«La actividad de Micorriza ha sido estupenda, a pesar del mal tiempo. Pero hemos podido hacer la parte más importante de la actividad y hemos conocido datos muy interesantes sobre la Fuente de Matillas.»
Durante la mañana, no solo se trabajó la tierra: también se creó comunidad, se compartieron anécdotas, se aprendió sobre las plantas y especies del lugar, y los participantes se empaparon (literalmente) del espíritu de cuidar lo que es nuestro.
Gracias, gracias y más gracias
Y como en toda buena historia de pueblo, el agradecimiento corre de boca en boca. José Luis lo definió mejor que nadie:
«Muchas gracias a Micorriza por la iniciativa que han desarrollado en Matillas y que esperamos podamos seguir fomentando e impulsando. Es una interesante labor de simbiosis mutualista entre la naturaleza y las personas, con la apreciada presencia del agua: todas las partes salen beneficiadas. Gracias Vanesa por ilustrarnos y compartir conocimiento.»
Vanesa, desde Micorriza, quiso dejar este mensaje:
«¡Muchas gracias a las personas voluntarias que también han aportado mucho a la actividad! No ha dado tiempo a hacer las cajas nido y la recogida de basura… las nubes nos han ganado terreno 😅. Así que esta semana lo haremos en algún ratito de sol. Ya os avisaré por si os apetece pasaros 😉»
Lo que queda por hacer
Aunque se consiguió lo más importante –que la fuente vuelva a brotar–, aún hay tareas pendientes: colocar las cajas nido para aves, recoger la basura del entorno y seguir cuidando ese rincón mágico donde el agua y la historia se dan la mano. Y por supuesto, todo el mundo está invitado a colaborar en los próximos días soleados que nos regale abril.
Desde aquí queremos agradecer profundamente a todas las personas implicadas: a los vecinos que madrugaron, a los voluntarios que vinieron con las botas puestas, y al equipo de Micorriza por su dedicación, entusiasmo y respeto por nuestro patrimonio.
Gracias por ayudarnos a valorar lo que tenemos, conservar lo que fuimos y construir lo que seremos.
Y recuerda: en Matillas, el agua vuelve a correr… y con ella, la vida.
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viernes, 18 de abril de 2025 / 1 Comentario » / Por Equipo Matillas.org




















