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¿Sabes por dónde pasaba la calzada romana que cruzaba Matillas?

Calzada romana Matillas

Parece increíble, pero hace casi dos mil años, por los alrededores de Matillas ya circulaban los carros romanos. Lo que hoy es una carretera más fue en su día una vía principal del Imperio Romano, parte de una red monumental que conectaba todos los rincones de Hispania.

Los estudios arqueológicos y los proyectos de cartografía histórica confirman que el tramo de calzada romana que pasaba por Matillas coincide prácticamente con la actual CM-1003, la carretera que nos une con Bujalaro y Villaseca.

La calzada seguía el camino más lógico y amable con el terreno, cruzando el valle junto a los ríos Henares y río Dulce, cuyos cursos marcaban el recorrido más sencillo para avanzar.

Más adelante, la calzada no pasaba por Mandayona, sino que desde Villaseca subía hacia El Cerrillar y continuaba luego hasta Segontia (Sigüenza) siguiendo el recorrido de la actual CM-1101.

Calzada romana Matillas

Éramos parte de la Vía Augusta

El tramo de Matillas formaba parte de la Vía XXV del Itinerario de Antonino. Era una de las arterias más importantes del Imperio en Hispania, ya que conectaba Augusta Emerita (Mérida) con Caesaraugusta (Zaragoza) a través de los valles de los ríos Henares y Jalón.

Esta ruta unía la Meseta con el valle del Ebro y era clave para el transporte de tropas, mercancías y viajeros.

Restos y vestigios en la zona de Matillas

A día de hoy, apenas se conservan restos visibles de la antigua calzada romana en Matillas (¿quizás el puente romano?), pero las referencias históricas y los estudios nos permiten reconstruir parte de su recorrido.

Se han hallado fragmentos de empedrado muy antiguo y compacto entre Humanes y Espinosa, y se sabe que la vía seguía por Carrascosa, donde aparecieron restos romanos entre los ríos Henares y Bornova.

Desde allí, el camino continuaba por la margen derecha del Henares hasta las cercanías del kilómetro 104 del ferrocarril, donde cruzaba el río. Luego, por la margen izquierda, avanzaba cerca de Jadraque y Bujalaro, para cortar hacia la vereda de Matillas La Vieja, bajo sus dos cerros gemelos.

El escritor seguntino del siglo XVIII Diego González Chantos, en su obra Resumen de Correcciones, ya escribió que:

“No es solo en aquel sitio del término de Mandayona donde se han encontrado restos de la antigüedad romana, sino también no lejos de aquella villa, a la entrada occidental del valle en que existe, esto es, cerca de Matillas…”

También las Relaciones Topográficas de Felipe II mencionan que por Matillas pasaba un camino real muy transitado, lo que refuerza la idea de que el trazado romano se siguió utilizando durante siglos.

En el siglo XVIII se documentaron hallazgos arqueológicos en el inicio del valle del Dulce, probablemente de origen romano, aunque por desgracia no han llegado hasta nosotros restos materiales de aquella época.

Cómo se construía una calzada romana

Los romanos no improvisaban. Sus carreteras eran auténticas obras de ingeniería, construidas con un método tan meticuloso que muchas aún se adivinan bajo caminos actuales.

  • Estructura: se levantaban por capas: una base de piedras grandes (statumen), encima una capa de arena y grava (rudus), luego otra de grava triturada (nucleus) y, finalmente, una superficie de losas de piedra (pavimentum), todo rematado con una capa de rodadura de zahorra.
  • Ingeniería: buscaban siempre la rectitud del trazado y un firme muy resistente, de hasta 90 cm de espesor, compactado con rodillos tirados por animales.
  • Marcadores: cada milla romana (unos 1.450 metros) se señalizaba con un miliario, una columna cilíndrica que indicaba la distancia y, a menudo, el nombre del emperador que había ordenado construir o reparar la vía.

No todas las calzadas estaban enlosadas: solo las más emblemáticas, como la Vía Apia. La mayoría eran de tierra apisonada, perfectas para los caballos sin herraduras que usaban los romanos.

Un legado bajo nuestros pies

Toda esta información se puede consultar de forma muy visual gracias al proyecto Itiner-e, en el que plasman todas las rutas en un Google Maps de las calzadas romanas. Hoy sabemos que los romanos llegaron a construir más de 300.000 kilómetros de carreteras en Europa y el norte de África, de los cuales unos 40.000 recorrían la península ibérica.

Muchos de esos caminos siguen vivos, camuflados a los pies de carreteras modernas como la CM-1003 que cruza Matillas. Puede que ya no queden miliarios ni empedrados visibles, pero cada vez que recorremos esa carretera, seguimos las huellas exactas del camino que hace veinte siglos conectaba Mérida con Zaragoza, y que convirtió a Matillas en un punto más dentro de la red que sostenía todo un imperio.

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miércoles, 10 de diciembre de 2025 / Comentarios desactivados en ¿Sabes por dónde pasaba la calzada romana que cruzaba Matillas? / Por Equipo Matillas.org




Olvídense de buscar setas al campo. Este año la cosa ha estado flojita

No hay setas no hay setas no

Olvídense de buscar setas de cardo y níscalos al monte, este año no merece la pena salir a buscar setas. Según los que saben del tema, la temporada micológica se da por finalizada debido al mal desarrollo que ha tenido este otoño.

Las lluvias han sido escasas y muy irregulares, y además las temperaturas se han mantenido demasiado altas durante los meses clave, como septiembre y octubre. Esto ha afectado directamente al crecimiento de las setas, que han aparecido en poca cantidad y de forma muy puntual, sin llegar a desarrollar una temporada normal como otros años. Esta combinación de calor y falta de humedad ha hecho que apenas hayan aparecido setas en zonas con tradición micológica.

Por mucho que tengamos ganas de salir con la cesta, la realidad es que no vamos a encontrar prácticamente nada. Insistir ahora solo lleva a caminatas con frustración y decepción, así que tomen nota del refranero porque «para ese viaje no hacían falta alforjas»

Eso sí, el monte sigue ahí, precioso como siempre en otoño, y sigue mereciendo la pena disfrutarlo con calma, paseando, sacando fotos, observando sin tocar y aprovechando el entorno natural que tenemos.

Cuando las condiciones vuelvan a ser las adecuadas y tengamos un otoño de verdad, con lluvias y temperaturas más normales, os avisaremos por aquí para que seáis los primeros en enteraros. De momento, lo más sensato es dejar descansar el campo y esperar tiempos mejores.

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lunes, 24 de noviembre de 2025 / Comentarios desactivados en Olvídense de buscar setas al campo. Este año la cosa ha estado flojita / Por Equipo Matillas.org




Estos Sitios Están En Todos Los Pueblos. en TODOS

Lugares comunes de Guadalajara

En esta parte de Guadalajara hay cosas que son tan fijas como el calor en verano. Son esos lugares de siempre, que están en todos los pueblos, pero que cada cual los siente como suyos: aquí hay sitios que no fallan.
Son los «lugares comunes» de nuestros pueblos. Son los clásicos de la comarca, los que no fallan, los autóctonos de esta tierra.

No hablamos de monumentos ni de postales. Hablamos de lo que realmente importa: el pilón, las bodegas, el frontón, las colmenas y las peñas.

Si tu pueblo no tiene alguno de estos, revisa, porque igual no es un pueblo de Guadalajara.

El Pilón: Siempre Está Ahí

Si no hay pilón, no es un pueblo. Así de claro.

El pilón es mucho más que una fuente. Es el meollo del pueblo y donde más de uno ha terminado dentro después de alguna fiesta (accidentalmente… o no tanto).

El pilón sirve para todo: para refrescarse, para sentarse a charlar y para acabar dentro cuando el tema se va de las manos.

Las Bodegas: Mejor Que Cualquier Terraza

Son fresquitas, tienen vino casero y siempre hay algo para picar.

Aquí las bodegas no son postureo. Son el sitio donde se bebe bien, se come mejor y se cuentan las mejores historias.

Aquí se arreglan los problemas del mundo, se repasan las fiestas y se celebra la vida con un vaso en la mano.

Las bodegas de esta tierra no se entienden, se viven.

Spoiler: casi ninguna historia de bodega empieza pronto ni termina pronto.

El Frontón: El Ring Local

Todos los pueblos de aquí tienen uno. Si no, se improvisa.

Es el sitio donde los chavales se pegan partidos eternos y donde los piques no se olvidan ni con los años.

Si el frontón hablara… más de uno saldría en los créditos.

Las Colmenas: Miel De Aquí, Punto

Las colmenas son la joya escondida de muchos pueblos de Guadalajara.

No es miel cualquiera. Es miel de pueblo, miel de esta tierra, miel de las buenas. La miel del pueblo no tiene rival, sabe a campo, a verano y a meriendas que te arreglan el día.

Aquí las colmenas son parte del paisaje. Y quien dice que nunca ha probado la miel del pueblo… no ha vivido.

Las Peñas: Donde se lía

Si un pueblo no tiene peñas, es que no hay fiesta. Así de simple.

Las peñas son el punto de encuentro, el cuartel general, el sitio donde se organiza todo (y se desorganiza más). Aquí nacen las mejores historias (y también las que nadie se acuerda). Si hay peña, hay jaleo asegurado.

Aquí se come, se bebe, se canta y se lía. Y si no se lía, no es peña.

 

Los Lugares Comunes (De Aquí, Sí o Sí)

Puede haber un pueblo con más o menos gente, más grande o más pequeño, pero si estás por esta zona de Guadalajara, estos sitios los tienes sí o sí.
Son lo que nos une. Lo que hace que todos los pueblos sean especiales, pero al mismo tiempo sean parte de lo mismo.

Y tú, ¿conoces algún otro «lugar común» que nos hemos dejado? Cuéntanoslo.

Te leemos. Y si hace falta, vamos de ruta para comprobarlo.

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jueves, 3 de julio de 2025 / Comentarios desactivados en Estos Sitios Están En Todos Los Pueblos. en TODOS / Por Equipo Matillas.org




Toc toc: descubrimos un nuevo visitante en Matillas

Pajaro carpintero en Matillas

Menuda sorpresa nos llevamos al ver a este curioso pájaro trepando por una de las paredes de la iglesia. Con su plumaje negro y blanco, su elegante silueta y esa cabeza roja que parece pintada a mano, el ave parecía andar en busca de algo… aunque en ese momento no sabíamos muy bien el qué.

Nos llamó tanto la atención que nos pusimos a investigar de qué especie se trataba. Pues bien, resulta que nuestro distinguido visitante es un pico picapinos (Dendrocopos major), una especie de pájaro carpintero que, aunque suele habitar en bosques y pinares, también puede dejarse ver en pueblos tranquilos como Matillas.

¿Qué hacía en la pared de la iglesia?

Pajaro carpintero en Matillas

Verlo picoteando ahí fue, cuanto menos, desconcertante. Parecía fuera de lugar… aunque, pensándolo bien, los que realmente estábamos descolocados éramos nosotros.
El ave, en realidad, no estaba perdida. Las grietas del muro y las texturas rugosas de la pared pueden ocultar insectos y arañas, y eso las convierte en zonas de interés para esta especie. Lo más probable es que estuviera buscando alimento entre las fisuras (si te fijas, hay telarañas en varios recovecos de la fachada).

¿Qué tiene de especial el pico picapinos?

Se le llama “carpintero” porque su pico es tan potente que puede perforar troncos duros con facilidad, como si fueran mantequilla. Además, su lengua, larga y pegajosa, le permite capturar larvas escondidas con la precisión de un chef manejando palillos.

Uno de sus comportamientos más conocidos es la construcción de nidos, horadando agujeros en los árboles para criar a sus polluelos.

Pero no todo es por necesidad alimenticia. El tamborileo característico —esos golpecitos rítmicos y repetitivos— también sirve para marcar territorio y atraer pareja. Así que si alguna vez lo oyes picotear en algo que no sea un árbol… puede que esté diciendo: “¡Eh! ¡Aquí vivo yo!”

Pajaro carpintero en Matillas

Un indicador de biodiversidad

La presencia del pájaro carpintero en Matillas es una señal positiva desde el punto de vista ecológico. Indica que el entorno que nos rodea conserva la calidad suficiente para albergar fauna silvestre especializada. Aunque no contemos con grandes masas forestales, nuestras choperas, campos de cultivo y árboles dispersos ofrecen un hábitat adecuado para diversas especies forestales.

Además, no hay que olvidar que la fauna silvestre también puede adaptarse a entornos humanos, sobre todo cuando estos mantienen cierta armonía con el medio natural, como ocurre en Matillas.

Una visita para recordar

Así que ya sabes: si un día escuchas un golpeteo rítmico y crees que están colgando un cuadro… míralo bien. Puede que tengas delante a uno de los visitantes más sorprendentes y entrañables que nos ha traído la naturaleza.

Para que se hagan una idea, aquí tienen un vídeo que explica cómo funciona el pico picapinos:

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domingo, 22 de junio de 2025 / 1 Comentario » / Por Equipo Matillas.org




Toda la vida viéndola ahí… y nunca supiste lo que era

Depósito de agua de Los Pozos

Ahí está. Quieta, firme, como si el tiempo no pasara por ella. La ves nada más llegar al barrio de Los Pozos: una silueta de hormigón recortada contra el cielo, como una torre vigía olvidada… o una chimenea sin humo. Lleva ahí toda la vida. Pero, ¿alguna vez te has preguntado qué es?

Ese gigante silencioso no es una torre de vigilancia, ni un monumento moderno, ni una estructura abandonada sin más. En realidad, es mucho más interesante de lo que parece: es un antiguo depósito elevado de agua. Aunque hoy lo veamos desmantelado, vacío y sin uso, en su día fue el alma del barrio de Los Pozos.

Depósito de agua de Los Pozos

¿Y qué hacía esa torre?

Pues nada menos que dar agua a las casas de la fábrica. Esta estructura era clave en el sistema de abastecimiento de las viviendas de la colonia de la fábrica que se asentó en Los Pozos. Su función era tan sencilla como ingeniosa: guardar agua en lo alto para distribuirla por gravedad. Sin cables, sin electrónica. Solo la fuerza de la altura.

Cuando aquí no había casi nada y casi nadie…

Depósito de agua de Los Pozos

Hace un siglo, Los Pozos era apenas un puñado de casas. Estaba la casilla de Renfe, una pequeña granja de cerdos, la escayola… y poco más. La fábrica construyó tres casitas adosadas para sus trabajadores. En una vivía la señora Mercedes, en otra el señor Mariano, y en la tercera, el barbero. Hoy ya no queda rastro de esas casas. Pero sí sigue en pie la torre que les abastecía de agua.

¿Cómo llegaba el agua hasta lo alto?

Depósito de agua de Los Pozos

Aquí viene lo curioso. El agua no caía del cielo, ni se recogía con canalones. Se extraía de pozos cercanos y se bombeaba hacia arriba con motores hidráulicos, que en aquella época funcionaban con vapor o diésel. Una vez el depósito estaba lleno, la presión natural hacía el resto, llevando el agua a los hogares, a los lavabos, a los fregaderos. Todo funcionaba gracias a ese depósito que, ahora, pasa casi desapercibido.

Un trozo de historia que aún resiste

Hoy, la torre está seca y sin uso. Pero sigue firme. A pesar del paso de los años, de la intemperie y del olvido, permanece como un símbolo del pasado industrial de Matillas: de esfuerzo compartido y de soluciones prácticas y brillantes.

¿Y si le devolvemos su valor?

Quién sabe. Tal vez algún día forme parte de una ruta histórica, o tenga una placa que cuente su historia. Por ahora, solo quienes preguntan —o leen esto— sabrán que esa estructura de hormigón es mucho más que una ruina. Es memoria. Es identidad. Es un testigo de todo lo que un día fue.

Así que la próxima vez que pases por delante, míralo con otros ojos. No es solo una torre. Es parte de ti. Parte de Los Pozos. Parte de la historia de Matillas.

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domingo, 1 de junio de 2025 / 1 Comentario » / Por Equipo Matillas.org




El Gurugú vive: Aves, rastros y naturaleza en Matillas

El Gurugu vive

 

Hace unas semanas, publicamos en el blog una foto de un pájaro que nos encontramos en el Gurugú:

 

Chova Piquiroja

 

Al principio, pensábamos que se trataba de un mirlo o un tordo común, pero pronto recibimos un mensaje que nos hizo abrir los ojos (¡y la mente!) hacia nuevas posibilidades.

Vane, amante de la naturaleza y miembro de la Asociación Micorriza, nos escribió para aclararnos el misterio: el pájaro en cuestión no era ni mirlo ni tordo, sino una chova piquiroja. ¡Vaya sorpresa!

Según Vane, es bastante raro que este ave se dejara ver por aquí, ya que suele habitar zonas rocosas. Sin embargo, nos explicó que las paredes que hay en el Gurugú podrían ser un buen lugar para que esta especie anidara. Y ahí las vió Vanesa:

Esto despertó nuestra curiosidad y nos llevó a preguntarnos: ¿qué otras sorpresas podría guardar este rincón natural de Matillas?

Una exploración inolvidable

Intrigada y emocionada por el hallazgo, Vane decidió investigar in situ qué otras maravillas podría esconder el Gurugú ¡Y vaya si las encontró!

En una excursión que realizó a finales de febrero, Vane volvió con un reportaje fotográfico espectacular y un montón de descubrimientos que nos dejaron con la boca abierta.

Durante su paseo, además de la chova piquiroja, avistó los primeros aviones roqueros de la temporada, que revoloteaban con su característica agilidad entre los riscos, y escuchó el canto inconfundible de la perdiz, resonando entre la vegetación. También se encontró con cogujadas, carboneros, mosquiteros y tarabillas, cada uno aportando su propio sonido a la sinfonía natural del lugar.

La flora del Gurugú: una explosión de vida

Pero no solo las aves captaron su atención. En su recorrido, Vane fotografió la flora típica de Matillas: la carrasquilla arbustiva, las aliagas en flor y nos mostró las diferencias entre quejigos y encinas (¡los quejigos son de hoja caduca!):

 

Además, identificó agallas del rosal causadas por avispas y descubrió alguna mariquita de siete puntos, señal de que la primavera ya estaba tomando protagonismo.

Rastros de mamíferos: huellas de vida oculta

Incluso cuando los mamíferos no se dejan ver, Vane nos mostró que sus huellas y rastros cuentan historias fascinantes.

Encontró excrementos de zorro, que delataban una dieta de bayas y pequeños mamíferos, además de darnos una pista sobre sus hábitos: estos animales suelen dejar sus marcas en caminos y sobre piedras o arbustos para marcar territorio:

Por la zona también identificó señales de corzos y ovejas, y más abajo en el pueblo, descubrió la gallineta o polla de agua, nadando con elegancia entre los juncos en el río.  Por cierto, nos explicó también la presencia en el Gurugú del junco churrero, que indica la existencia de humedad en la zona, algo fundamental para muchas especies.

Una invitación a conocer la naturaleza

Además de todo este conocimiento, Vane nos dejó un valioso consejo: podemos utilizar aplicaciones que ayuden a identificar aves y plantas.

Por ejemplo, nos recomendó el Identificador de Aves de SEO/BirdLife, y para las plantas PlantNet y ÁrbolApp, aplicaciones prácticas para todo aquel que quiera explorar la naturaleza con un poco más de información en el bolsillo:

Apps para descubrir naturaleza

 

Y nos recordó una frase inspiradora de Juan Luis Cifuentes Lemus: “Lo que se conoce se quiere, y lo que se quiere se cuida”.

Este tipo de iniciativas no solo enriquecen nuestro conocimiento del entorno, sino que también fomentan el amor por nuestro paisaje, por nuestras aves y nuestras plantas. Agradecemos enormemente a Vane por su espíritu curioso y su pasión por la naturaleza. Gracias a ella, hemos descubierto una faceta del Gurugú que muchos desconocíamos.

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domingo, 11 de mayo de 2025 / Comentarios desactivados en El Gurugú vive: Aves, rastros y naturaleza en Matillas / Por Equipo Matillas.org




10 cosas que no conocías de Matillas La Vieja… ¡y te sorprenderán!

10 cosas que no conocías de Matillas La Vieja

Aunque hoy Matillas La Vieja permanece en silencio, entre ruinas y recuerdos, en su día fue un pequeño pueblo lleno de vida, historias y costumbres que merecen ser contadas. Si creías que lo sabías todo, prepárate para descubrir curiosidades que te harán mirarla con nuevos ojos.

1. Solo catorce casas… pero bien conectadas

Puede parecer increíble, pero en un pueblo con apenas catorce viviendas, sus habitantes ya disfrutaban de luz eléctrica antes de la Guerra Civil. La energía llegaba gracias a una línea que venía directamente desde la fábrica Aldana de Mandayona. Sin embargo, tras la guerra, se volvió a la oscuridad: la luz desapareció y regresaron los candiles de aceite y carburo.

2. Trigo, cebada y centeno: la trilogía dorada

Las tierras de Matillas La Vieja eran agrícolas por excelencia. El trigo, la cebada y el centeno dominaban el paisaje. Y cuando llegaba el mes de junio, cuadrillas de segadores desde Ciudad Real acudían a las fincas que solicitaban ayuda.

3. Moler era toda una aventura

El cereal se solía moler en los Molinos de Edancho, pero en tiempos de escasez, estraperlo y racionamiento, algunos ponían rumbo a Huérmeces, desafiando las normas para llevar pan a casa.

4. Pocas ovejas, mucho ingenio

La ganadería era mínima: solo dos casas tenían rebaños de ovejas. Para calentarse, la leña de carrasca y roble alimentaba las lumbres. Y la economía de subsistencia era norma general.

5. Fiestas con alma

Las fiestas patronales se celebraban el 8 de diciembre, en honor a la Virgen de la Inmaculada. Había misa, procesión y una curiosa tradición: el subastado de maneros, que decidía quién llevaría a la Virgen en andas el año siguiente.
También se celebraba San Antonio (13 de junio), fecha señalada para las primeras comuniones, y el Jueves Lardero, con una excursión y algunas tortillas con chorizo en el monte.
¿Y qué decir de San Juan? Se organizaba una gran hoguera cerca de la iglesia, recolectando objetos viejos por las casas. ¡Un auténtico ritual de renovación!

10 cosas que no conocías de Matillas La Vieja

6. Tradiciones con sabor

En el Día de Todos los Santos, los churros con chocolate eran un manjar que nadie se quería perder. Las celebraciones siempre se acompañaban de lo que había: poco, pero con mucho cariño.

Además, el día que tocaba matanza, era costumbre compartir unas buenas migas populares.

7. Personas que dejaron huella

Por Matillas La Vieja pasaron Don Epifanio y Don Arsenio, los últimos sacerdotes en oficiar misa.
El médico, Don Eladio, venía desde la Estación, y el veterinario desde Castejón.
Los carteros, Salustiano y Justino, recorrían el camino hasta el pueblo desde la Estación, trayendo noticias del mundo exterior.

8. La vida era sencilla, pero no aburrida

Los lunes eran de mercado en Jadraque, y el pescadero de Jadraque, en bicicleta, llegaba vendiendo sardinas y bacalao.
Los domingos tocaba bajar a La Estación para disfrutar del cine y del baile. Era el momento de socializar, de reír… y quizás de enamorarse.

9. Oficios y espacios que hoy parecen de otro mundo

En la planta baja del ayuntamiento estaba el calabozo, que ya no era tanto para castigar, sino para dar cobijo a mendigos o viajeros de paso.
A la derecha de la entrada de la iglesia, aún queda recuerdo de un antiguo granero, testigo silencioso de una época que se nos escapa entre los dedos.
La casa de la maestra se encontraba justo encima de la escuela. Doña Begoña fue la última en dar clases a los niños de Matillas La Vieja.
Recordar también Sotero era el herrero, una figura clave en el día a día del pueblo.

10. Un final digno de novela

Los últimos vecinos que vivieron allí fueron Valeriano Cañamares, su esposa Esperanza y sus hijos Margarita y Pedro. Aguantaron en el pueblo hasta 1965, cuando la vida moderna ya se había desplazado hacia la Estación.

Un lugar para recordar

Matillas La Vieja no es solo un puñado de piedras en el monte. Es memoria viva, es identidad y es historia.
Conocer estos detalles nos acerca a quienes vivieron allí, a su esfuerzo, su humildad y su forma de celebrar la vida, a pesar de las dificultades.

¿Conocías estas curiosidades? ¿Te gustaría que contáramos más historias de Matillas y su gente?
👇 ¡Déjanos un comentario o comparte tu recuerdo!

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domingo, 13 de abril de 2025 / Comentarios desactivados en 10 cosas que no conocías de Matillas La Vieja… ¡y te sorprenderán! / Por Equipo Matillas.org




Dormía bajo la maleza: Muchos sabían que existía pero pocos supieron localizarlo

Ummm... misterio

Durante décadas fue apenas un rumor. Un susurro entre los más viejos del lugar. Una leyenda que recorría Matillas, entre recuerdos y paseos. «Está ahí, entre la maleza… pero nadie lo encuentra», decían.

Una referencia vaga, un «allí había algo» envuelto en silencios, entre los campos que crecen y se apagan con las estaciones. Un lugar señalado con la mirada, pero nunca con el dedo. Y hoy, por fin, ha vuelto a respirar.

Hoy, finalmente, ese rumor ha tomado forma, volumen y presencia: un descubrimiento arqueológico ha salido a la luz y promete reescribir parte de nuestra historia.

El terreno, cubierto por carrizo y malas hierbas, no había sido tocado en mucho tiempo. Pero una limpieza oportuna reveló lo imposible: una estructura de piedra que renacía con una elegancia que solo los siglos pueden moldear.

Y ahí estaba. Era un secreto a voces. Algo que se mencionaba… pero que nadie sabía cómo encontrar.

Lo más sorprendente no es solo su existencia, sino el nivel de conservación. Todo esto, escondido a plena vista durante décadas, oculto por una naturaleza que parecía haberlo tragado.

No se encontraron tesoros… pero sí una pista que nadie había contado. Y eso, amigos, nos lleva un paso más allá. Mañana os lo contamos.

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Hay algo nuevo en la entrada a Los Pisos ¿Lo ven?

Lo ven o no lo ven

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domingo, 2 de marzo de 2025 / Comentarios desactivados en Hay algo nuevo en la entrada a Los Pisos ¿Lo ven? / Por Equipo Matillas.org




Matillas en flor: un espectáculo natural que va más allá de la belleza

 

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En Matillas el invierno comienza a despedirse de una forma espectacular: los almendros han comenzado a florecer. Cada año, Matillas se viste de gala con el blanco y rosa de sus almendros en flor, ofreciendo un paisaje que parece sacado de un cuento.

El aire se llena de un aroma dulce y fresco, mientras el sol resalta la paleta de colores que cubre las colinas. Es un espectáculo natural efímero, que dura apenas unas semanas, pero que deja una huella imborrable en quienes tienen la suerte de presenciarlo.

Pero más allá del deleite visual, la floración de los almendros tiene una importancia vital para el ecosistema, y es aquí donde entran en juego unas pequeñas protagonistas a menudo olvidadas: las abejas.

Más que un regalo para la vista: El papel invisible de las abejas

Es fácil quedar embelesado por la floración y olvidarnos de quienes realmente la hacen posible: las abejas. Seguramente no hayamos reparado en ellas, pero si hay flores hay abejas. Y ahí debemos recalcar su importancia fundamental en el ciclo natural. Estos pequeños polinizadores recorren incansablemente las flores, transportando el polen de un árbol a otro y asegurando así la producción de almendras para la próxima temporada.

Las abejas son auténticas arquitectas del ecosistema, y su labor en la polinización no solo beneficia a los almendros, sino a muchas otras especies vegetales. Aseguran la biodiversidad y permiten que los campos sigan siendo fértiles y productivos.

Sin embargo, en los últimos años, las poblaciones de abejas han ido disminuyendo debido a factores como el uso de pesticidas, la pérdida de hábitats y el cambio climático. Protegerlas no es solo una cuestión medioambiental, sino también una garantía para el futuro de la agricultura y la naturaleza tal como la conocemos.

Un motivo más para disfrutar de Matillas en primavera

Así que la próxima vez que contemples la floración de los almendros en Matillas, tómate un momento para escuchar el zumbido incansable de las abejas entre las ramas. Son ellas las que, con su trabajo, hacen posible este espectáculo de la naturaleza. Y recuerda, admirar la belleza de este fenómeno es solo el principio; valorar su importancia en el equilibrio del ecosistema es el verdadero homenaje que podemos hacerle.

Ven a Matillas y disfruta de un paisaje que no solo enamora la vista, sino que también nos recuerda la maravillosa red de vida que lo hace posible.

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jueves, 27 de febrero de 2025 / Comentarios desactivados en Matillas en flor: un espectáculo natural que va más allá de la belleza / Por Equipo Matillas.org




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