Que Dios reparta suerte (Visto en el tablón de anuncios de la iglesia)

miércoles, 14 de octubre de 2026 / Comentar » / 0 lecturas

Porque los caminos del Señor son inescrutables.
Y además, dicen que la providencia divina también anda en las cosas mundanas y terrenales.

Buena suerte

¡Buena suerte!

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De cómo hace 100 años un juego acabó en tragedia

lunes, 5 de octubre de 2026 / Comentar » / 28 lecturas

El juego de la barra

¡Muchas gracias a Fernando Chamorro por la información

Hay noticias que se nos clavan en el pecho aunque tengan cien años. Esta es una de ellas.

Hojeando el semanario provincial Flores y Abejas de Octubre de 1926 (nº 1674), nos topamos con un aviso en letras grandes y severas: «¡Cuidad de los niños! – Accidente mortal». Debajo, el relato de un suceso ocurrido en Matillas, junto a la fábrica de cemento El León.

Una tarde de descanso

Aquel día no tenía nada de extraordinario. Varios vecinos aprovecharon un descanso para echar unas partidas al juego de la barra: un rato de diversión y de pique amistoso, como tantos otros.

Hasta que llegó un lanzamiento.

El joven Pedro Ochoa Prieto, de 19 años, tiró la barra y el hierro se desvió de su trayectoria. Alcanzó al pequeño Cándido Rello Serrano, de cuatro años, hijo de uno de los propios jugadores.

Una fatalidad que se llevó una vida y conmovió a todo Matillas.

 

El juego de la barra

Lo recordamos desde el respeto absoluto a aquellas familias. Y desde ese mismo respeto, nos sirve para asomarnos a un juego que fue de todos en los pueblos de entonces.

¿En qué consiste el juego de la barra?

El juego de la barra

El juego era sencillo: lanzar una pesada barra de hierro lo más lejos posible, con un giro limpio o un impulso en seco, para ver quién era el mozo más bravo del lugar.

El juego de la barra (o tiro de barra) no era un pasatiempo cualquiera; constituía todo un ritual de virilidad, orgullo y destreza física en el mundo rural tradicional, hundiéndose sus raíces en los trabajos cotidianos del campo y las herrerías.

En una época en que la fuerza se medía en el campo, en la cantera o en la vía del tren, las herramientas de faena se reconvertían en instrumentos de ocio.

El juego de la barra no era cosa solo de Matillas

Aquí (y en muchos otros lugares) se tiraba la barra. En otros tantos se tiraba la azada: segadores y labradores improvisaban campeonatos al acabar la jornada, con lo que tenían a mano. Retos que nacían del propio trabajo del campo, donde la fuerza era el pan de cada día.

 

Es más, incluso el lanzamiento de martillo que hoy vemos en los Juegos Olímpicos guarda parentesco con estas costumbres. En las ferias del norte de Europa y en las tradiciones celtas, herreros y aldeanos competían lanzando herramientas de la fragua.

Memoria y respeto

Recordar aquel día no busca remover tristezas, sino rescatar la humanidad de quienes nos precedieron. Aquellos hombres y mujeres reían, trabajaban y convertían cualquier descampado en pista de juego.

La próxima vez que paseemos por Matillas, imaginemos por un momento el eco de aquellas risas domingueras y el silbido de la barra cortando el aire.

Y acordémonos también del aviso con el que abría el semanario. Un siglo después, sigue valiendo: ¡Cuidado de los niños!

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El camino más corto para subir a Matillas La Vieja

martes, 29 de septiembre de 2026 / Comentar » / 19 lecturas

Camino más corto

El tiempo pasa, los paisajes cambian y -si uno se descuida un poco-, la memoria de nuestras veredas correría el riesgo de esfumarse para siempre.

Sin embargo, en Matillas  sobrevive el empeño constante por recuperar nuestros caminos antiguos. Precisamente, gracias a ello se pudo recuperar del olvido la vía más directa para subir a Matillas La Vieja.

Enlace Google Maps

Una vía recta a media ladera

Este camino recuperado se sitúa a media altura del camino real, ofreciendo una alternativa tan práctica como directa. Su mayor atractivo es que permite subir a Matillas La Vieja prácticamente en línea recta, de forma mucho más eficiente que subiendo por el camino de la cantera.

Camino más corto

La dura batalla contra el olvido

Quien conozca el terreno sabe que este camino no es fruto de la casualidad, sino del esfuerzo.

Si no se está encima de los caminos de manera constante, la naturaleza es implacable y desaparecerán por el desuso, la maleza y el paso del tiempo. Pero no solo eso: hasta no hace mucho, uno de los mayores problemas era que habían estado arando encima de la traza original, borrando los límites históricos del camino.

Recuperemos lo nuestro

Poco a poco, con constancia y trabajo, mantenemos viva la memoria y combatimos el abandono y el olvido. Poder volver a transitar esta vía directa a Matillas La Vieja no es solo una cuestión de comodidad para pasear: es una forma de mantener vivo el mapa sentimental de nuestro pueblo.

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Se convoca pleno municipal este viernes 25 de septiembre a las 11h.

jueves, 24 de septiembre de 2026 / Comentar » / 14 lecturas

Convocado Pleno Municiapl 24 de Septiembre 2026

 

Desde el Ayuntamiento de Matillas se ha convocado oficialmente el próximo pleno ordinario, correspondiente al expediente PLN/2026/1.

Tomen nota:

  • Fecha y hora: Viernes, 25 de septiembre de 2026, a las 11:00 horas.

Orden del Día

El pleno abordará los siguientes asuntos de interés general organizados en tres bloques:

A) Parte Resolutiva

  1. – Aprobación del acta de la sesión anterior.
  2. – Expediente 69/2025: Aprobación de la Cuenta General del ejercicio 2024.
  3. – Expediente 51/2026: Propuesta y designación de los días festivos de carácter local para el año 2027, un punto destacado para planificar el calendario del próximo año.

B) Actividad de Control

  1. – Informes de Alcaldía: Repaso a las gestiones y últimas novedades del equipo de gobierno.
  2. – Dar cuenta de decretos.

C) Ruegos y Preguntas

  1. – Ruegos y preguntas: Espacio abierto para plantear dudas, sugerencias o consultas de interés vecinal.

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¿Quieres entrar a la catedral de Sigüenza? Primero, pasa por caja

lunes, 21 de septiembre de 2026 / Comentar » / 19 lecturas

A pagar en Siguenza

 

Antes que nada, les advertimos que desde 2019 no se puede ir de gratis a la catedral.

Ahora, sean honestos y pónganle un precio por visitar la Catedral:
– ¿Dos euros para pagar el mantenimiento?
– ¿Cinco para cubrir la luz?
– ¿La voluntad?

Pues no se rompan la cabeza: 10 euros. 10.

Visitar la catedral a día de hoy

Si uno quiere cruzar el umbral de la basílica de Santa María de Sigüenza, debe pasar por caja sí o sí.
No hay día gratuito ni existen franjas gratuitas de cortesía como si las hay en otras catedrales.
Salvo que uno sea menor de 12 años, residente empadronado en la Ciudad del Doncel o cuente con una discapacidad superior al 65 %, el billete de diez euros no se lo quita nadie.
En Sigüenza, o aflojas el bolsillo, o te quedas en la puerta. Eso sí, la entrada incluye el templo y el Museo Diocesano.
Si quieren ver la necrópolis, paguen 3 euros más.

A pagar en Siguenza

¿Y si lo comparamos con otras catedrales?

Obviemos las más caras, que son la Sagrada Familia de Barcelona(26€) y la Mezquita-Catedral de Córdoba 15 €.
Anoten: Mientras que la catedral de Segovia (con palacio episcopal incluido) se conforma con 4 euros, la mismísima catedral de Santiago de Compostela permite el acceso a la basílica de forma totalmente gratuita

Incluso frente a catedrales monumentales de capitales de provincia, los 10 euros de Sigüenza nos sitúan ya en una franja media-alta, pero además con el hándicap de no ofrecer ni una triste hora a la semana de puertas abiertas al turismo general, algo que sí hacen Ávila, Burgos o Sevilla.

A pagar en Siguenza

Siete años de subida libre: así ha evolucionado la tarifa

Lo más curioso de todo este asunto es que la medida de cobrar por entrar no es precisamente una tradición. Muchos recordamos cuando el acceso era libre y abierto, pero esa estampa que cambió radicalmente hace apenas siete años.

Haciendo memoria y tirando de hemeroteca, la taquilla catedralicia en Sigüenza no ha parado de acelerarse:

Hasta 2019: Entrada libre. Se debía pagar 4€ por ver la capilla del Doncel. la sacrista de las cabezas y claustro. Eso sí, grupo mínimo de 6 personas.
2019: Se implanta oficialmente el sistema de pago. 4 euros la entrada básica. 6 euros si se optaba por el formato conjunto con el Museo Diocesano.

2020 – 2021: En pandemia, sube a los 6 euros.

2024: La entrada se planta en los 8 euros.

2026: 10 euros

A pagar en Siguenza

 

Cuando en su día se puso en marcha esta tasa bajo el mandato del entonces obispo Atilano Rodríguez, se argumentó que era indispensable para sufragar los gastos de personal, luz y el mantenimiento.

Ahora bien, las cuentas de la catedral no se sostienen únicamente con la recaudación de los turistas. Por ejemplo a través de los convenios de colaboración suscritos entre la Diputación Provincial y el Obispado de Sigüenza-Guadalajara, desde 2021 se llevan invertidos 2.108.000 euros destinados a la rehabilitación de elementos esenciales de la catedral, tanto de su estructura constructiva como de sus obras y piezas artísticas más preciadas.

¿Cuál es el precio justo?

Es una excelente noticia ver que las administraciones públicas cubren con fondos de todos la conservación de nuestro patrimonio monumental. Sin embargo, resulta chocante ver los incrementos año tras año hasta duplicar la tarifa inicial.

No es el hecho, son las formas.
¿Es justo? ¿Es correcto?
Ahí lo dejamos.

NOTA:
Total de visitantes a Sigüenza en 2025: Sigüenza cerró el año con un total de 103.626 visitantes (registrados a través de la Oficina Municipal de Turismo), lo que supuso un importante incremento de casi 24.000 personas respecto al ejercicio anterior

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¿Quién aguanta los 40 grados en la vía? El precio humano del ferrocarril

domingo, 13 de septiembre de 2026 / Comentarios desactivados en ¿Quién aguanta los 40 grados en la vía? El precio humano del ferrocarril / 24 lecturas

Trabajadores en las vías

El calor no perdona.

Cuando el termómetro marca 38 o 40 grados, la vida busca instintivamente el fresco dentro de casa. Sin embargo, a muy pocos metros de casa, en las vías, el panorama es radicalmente distinto. Allí no hay sombra.

En la vía, el calor cae a plomo: Rebota y se multiplica. Las vías y el balastro absorben la radiación durante horas hasta convertir la línea en una auténtica sartén.

Sobre ese lecho, los operarios deben sobrevenir las circunstancias: El único alivio frente a la canícula son unas destartaladas sombrillas de playa en la grava y no dejar ni un solo metro de piel al sol.

Entre la desesperación por los retrasos y la realidad a pie de obra

Es comprensible la queja y la exigencia de que las infraestructuras cumplan sus calendarios.

Sin embargo, cuando uno se asoma a la trinchera de la vía y ve el aire temblar por la calima, la perspectiva cambia.

Es fácil trazar planes sobre un plano o poner fechas límite en un despacho climatizado; otra cosa muy distinta es aguantar cuando el cuerpo pide detenerse para no colapsar. La física y la salud tienen límites que es difícil concebir.

¿Quién está dispuesto a trabajar así?

En pleno siglo XXI, ¿quién asume hoy un trabajo de tal dureza física?

Tradicionalmente, la obra civil más exigente ha recaído sobre quienes tienen pocas alternativas y una inmensa necesidad y capacidad de sacrificio.

No es un fenómeno nuevo.

Trabajadores en las vías

Cuando en el siglo XIX se acometió la titánica construcción del primer ferrocarril transcontinental en Estados Unidos, fueron miles de trabajadores chinos —sometidos a condiciones despiadadas, salarios inferiores y un aislamiento total— los que dinamitaron montañas y tendieron traviesas bajo soles de justicia y nieves implacables. Su esfuerzo titánico levantó una nación, aunque la historia tardase décadas en reconocer su dignidad y su valor.

Es más, en España, el uso de presos republicanos en régimen de trabajos forzados fue una práctica sistemática de la dictadura franquista para reconstruir y expandir las infraestructuras ferroviarias en España.

A través del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo y los Batallones de Trabajadores, miles de represaliados sufrieron condiciones extremas de explotación. En las principales infraestructuras y líneas históricamente vinculadas a FEVE o al norte de España trabajaron prisioneros republicanos.

Trabajadores en las vías

Salvando las evidentes distancias con aquel pasado, hoy en día el perfil de quienes están a pie de vía sigue marcado por la precariedad de la subcontratación y una exigencia física severa.

Son cuadrillas de trabajadores —a menudo migrantes o personas desplazadas de sus hogares durante meses— que encadenan jornadas maratonianas en condiciones que la mayoría rechazaríamos de plano.

Si las obras no avanzan al ritmo prometido, rara vez es por falta de sudor de quienes están abajo; más bien responde a problemas de logística, gestión de contratas y falta de relevos suficientes para acometer faenas que, por pura salud laboral, no deberían prolongarse en las horas centrales del día.

La maquinaria sigue en marcha

El progreso es indispensable, y exigir que las obras se terminen en tiempo y forma es un derecho legítimo. Pero la próxima vez que miremos las vías y nos impacientemos por la lentitud de los trabajos, conviene recordar a quienes están ahí abajo, bajo la sombrilla y sobre el balastro ardiendo, dejándose la piel para que el progreso siga su ritmo.

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Lo que una lápida de Matillas cuenta mejor que mil libros de historia

domingo, 6 de septiembre de 2026 / Comentarios desactivados en Lo que una lápida de Matillas cuenta mejor que mil libros de historia / 42 lecturas

Lapida Matillas

A veces, para entender cómo era la vida hace un siglo, no hace falta bucear en tratados sesudos de demografía. Basta con ver los detalles y observar con los ojos bien abiertos, fijándonos no solo en lo que dice, sino en cómo se dice.

Y así nos encontramos la lápida de Romana Castillo Serrano, fallecida a finales de agosto de 1930, con 35 años.

Lapida Matillas

Al bajar la vista al epitafio, leemos con curiosidad:

«AQUI YACE ROMANA CASTILLO SERRANO, FALLECIÓ EL 27 DE AGOSTO 1930 A LOS 35 AÑOS DE DAD TU ESPOSO E IJA I PADRES I ERMANO NOTE OLBIDAN R. Y. P.»

La primera reacción de quien lo lee hoy suele ser de extrañeza: faltan haches (ija, ermano), se cuela una uve cambiada por be (olbida»), las palabras se juntan (note), se comen vocales (dedad) y se remata con un R.Y.P. con Y en lugar de la tradicional I latina.

¿Cómo es posible que una lápida,  destinada a durar para la eternidad, tenga faltas de ortografía tan básicas?

La respuesta no está en el descuido ni en la desgana.

Al contrario: está en la historia real de España hace un siglo.

Hacia 1930, en España más de un tercio de la población no sabía leer ni escribir, una cifra que en los pueblos y zonas rurales se disparaba con creces. Además, muchos de los que tenían un conocimiento básico, solo alcanzaron a ir a la escuela cuatro inviernos mal contados, entre la siembra y la siega.

Esa lápida es la evidencia de cómo se escribía en la España real de entonces: se escribía como se hablaba.

Se escribía como se hablaba

Para quien aprendió de oído, la hache no existe porque no suena; la b y la v suenan idénticas; y al decir «de edad» o «no te olvidan», la lengua junta los sonidos.

A eso hay que imaginar la escena cotidiana de aquel agosto de 1930.

La familia Castillo Serrano, rota de dolor, le dictaría las palabras a un vecino que supiera escribir, o le llevaría un papel al cantero de la zona. Y el cantero -un oficial de mazo y cincel- se limitó transcribir lo que le habían puesto delante. Una vez picada la piedra, ya no hay vuelta atrás ni botón de borrar. Rectificar era arruinar una piedra que a la familia le costaría meses de jornales pagar.

Por eso esta lápida cuenta mucho más entre líneas que cualquier biblioteca de historia social.

Nos habla de la escuela que faltó, del aislamiento del campo, pero sobre todo de algo mucho más hondo: el esfuerzo tremendo de una familia humilde por reunir unas perras, encargar una losa para la posteridad y dejar dicho, con las letras que buenamente tenían a mano, que no la olvidaban.
Casi un siglo después, la ortografía se habrá quedado corta, pero el mensaje nos llegó intacto. Y eso es lo único que de verdad importaba.

Espera, ¿y si se pagaba por el número de letras que iban escritas en la lápida?

No se vayan todavía, que quizás la explicación sea más prosaica y terrenal. Y aquí vendría un detalle crucial que no solemos tener en cuenta: el precio de cada letra.

Antiguamente, los canteros y marmolistas no solo cobraban por el bloque de piedra, sino que tarifaban el trabajo a destajo: cada letra, número o símbolo labrado a golpe de cincel tenía un precio fijado. En una economía familiar donde cada peseta contaba y los jornales del campo apenas daban para subsistir, redactar una lápida era también un auténtico ejercicio de ajuste presupuestario.

Vamos, lo que venía a ser un telegrama pero en formato epitafio.

Había que condensar el dolor, el nombre y el recuerdo en el menor espacio y con el menor número de caracteres posible. Abreviar, suprimir letras redundantes, juntar palabras o recurrir a fórmulas telegráficas no era solo fruto de una escolarización precaria; era, muchas veces, la única forma de que la cuenta del picapedrero no se disparase. Cada letra que se omitía era un gasto menos; cada golpe de puntero contaba.

Ustedes quédense con la versión que mejor les venga.

Quizás sea por tema de transcripción oral básica o por cuestión puramente económica. O quizás ambas.

Esto sí que es un misterio a resolver.

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De cómo vivimos el eclipse en Matillas: cuando el cielo se apagó y nos dejó sin palabras

domingo, 30 de agosto de 2026 / Comentarios desactivados en De cómo vivimos el eclipse en Matillas: cuando el cielo se apagó y nos dejó sin palabras / 66 lecturas

De como vivimos el eclipse

Por mucho que nos lo hubieran explicado con números y esquemas, por muchas fotografías o vídeos que hubiéramos visto antes, nada —absolutamente nada— nos había preparado para lo que íbamos a sentir cuando el Sol se apagó a plena luz del día.

Sabemos que todo es pura mecánica celeste: la Luna interponiéndose con precisión milimétrica entre el Sol y la Tierra. Ciencia pura.

Pero cuando lo estás viviendo sobre el terreno, la teoría salta por los aires y te golpea de lleno una experiencia sensorial arrolladora, casi mística, que te encoge el pecho.

El silencio antes del asombro

 

Los minutos previos a la totalidad tuvieron algo de inquietante y sobrenatural. De repente, la luz cambió a un tono grisáceo y metálico, un crepúsculo extraño que no pertenecía ni al día ni a la noche. La temperatura cayó, se levantó una brisa fresca e imprevista y la naturaleza pareció contener la respiración: el entorno enmudeció, como si el tiempo y el universo entero se hubieran quedado en pausa.

Y entonces llegó el momento.

La oscuridad y tocar el infinito

 

El instante en el que abrimos los ojos fue un estallido. En el cielo quedó suspendido un círculo negro absoluto rodeado por la corona solar: un anillo ardiente, blanco perla, con un halo rosáceo, amarillento y fulguraciones vivas que parecían respirar.

En ese momento exacto, la contención se rompió por completo.

El torrente de emociones fue ingobernable y a cada uno le nació responder como pudo: unos gritaban al cielo fascinados («¡qué maravilla, qué bonito!»), otros aplaudían, muchos no podíamos articular más que un «buah, buah, buah» incrédulo mientras intentábamos mirar a todas partes sin perder detalle. Las lágrimas salieron a borbotones, sin freno, fruto de un escalofrío que nos recorrió el cuerpo de arriba abajo.

Muchos buscábamos un rincón tranquilo para vivirlo a nuestra manera, pero al final la magia estuvo en compartirlo. Entre cámaras y trípodes, nos abrazamos con amigos, buscamos con la mirada a los vecinos para fundirnos en un abrazo con los ojos empañados y nos descubrimos siendo parte de una pequeña comunidad improvisada. Matillas compartiendo el mismo latido, sobrecogidos y maravillados ante nuestra propia pequeñez.

El redoble final

Fueron apenas unos minutos, pero parecieron una eternidad suspendida. De pronto, el primer destello rompió por el borde y la luz regresó con fuerza para transformar la noche de nuevo en día.

Se acabó tan rápido como llegó, dejándonos con la piel erizada y la certeza de haber presenciado un auténtico regalo de la vida.

No hay adjetivos suficientes para describirlo: quien estuvo allí sabe que es algo que no se borrará de la memoria jamás.

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No dejes que la realidad te estropee el momento

miércoles, 26 de agosto de 2026 / Comentarios desactivados en No dejes que la realidad te estropee el momento / 53 lecturas

 

Vivir un eclipse de sol en Matillas es algo inolvidable, pero queríamos la postal adecuada.

Para que lo fuera, no podía faltar la silueta de nuestra iglesia en pie, como siempre debió ser.

Por unos minutos, el cielo se oscurece, el tiempo se detiene y en Matillas todo vuelve a su sitio.

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El día que nos despertó un ES-Alert

martes, 25 de agosto de 2026 / Comentarios desactivados en El día que nos despertó un ES-Alert / 23 lecturas

El dia que nos despertó un ES-alert

Tal día como un 12 de agosto de 2026, a las diez y media en punto de la mañana, la tranquilidad habitual de Matillas saltó por los aires. De pronto, los teléfonos móviles de todos los vecinos empezaron a gritar al unísono con un pitido estridente e imposible de silenciar.

Para buena parte del pueblo era el bautismo de fuego con el protocolo ES-Alert.

Muchos se quedaron mirando la pantalla sin entender qué demonios ocurría: un triángulo rojo de advertencia, el rótulo de Alerta de Protección Civil y un texto que bloqueaba el teléfono exigiendo ser  aceptado. Entre el susto y la perplejidad, más de uno pensó si se trataba de una catástrofe inminente, una avería general o vete-a-saber-qué.

Pero nada de eso. La «emergencia» era que estábamos en el día del eclipse.

Y como parece que desde allí arriba nos ven a todos como a críos pequeños a los que hay que recordarles cómo atarse los cordones, el mensaje recopilaba un catecismo de recomendaciones paternalistas. Solo faltó que nos mandaran llevar la rebequita por si refrescaba.

Esa manía tan institucional de considerar a la ciudadanía incapaz de usar el sentido común, tratándonos como a escolares en su primera excursión al campo.

Ante el cataclismo que algunos habían profetizado sobre el colapso de las carreteras y la debacle mundial, la administración prefirió curarse en salud y poner diez capas de venda antes de que existiera el más mínimo rasguño.

Afortunadamente, como suele ocurrir cuando las cosas se dejan al criterio de la gente normal, el día discurrió con absoluta normalidad y civismo.

El eclipse llegó, la Luna tapó al Sol, la luz se volvió mágica por unos minutos y el mundo siguió girando.

Eso sí: el respingo que nos dio a todos el móvil a las 10:30 de la mañana todavía se recuerda.

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