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De cómo hace 100 años un juego acabó en tragedia

El juego de la barra

¡Muchas gracias a Fernando Chamorro por la información

Hay noticias que se nos clavan en el pecho aunque tengan cien años. Esta es una de ellas.

Hojeando el semanario provincial Flores y Abejas de Octubre de 1926 (nº 1674), nos topamos con un aviso en letras grandes y severas: «¡Cuidad de los niños! – Accidente mortal». Debajo, el relato de un suceso ocurrido en Matillas, junto a la fábrica de cemento El León.

Una tarde de descanso

Aquel día no tenía nada de extraordinario. Varios vecinos aprovecharon un descanso para echar unas partidas al juego de la barra: un rato de diversión y de pique amistoso, como tantos otros.

Hasta que llegó un lanzamiento.

El joven Pedro Ochoa Prieto, de 19 años, tiró la barra y el hierro se desvió de su trayectoria. Alcanzó al pequeño Cándido Rello Serrano, de cuatro años, hijo de uno de los propios jugadores.

Una fatalidad que se llevó una vida y conmovió a todo Matillas.

 

El juego de la barra

Lo recordamos desde el respeto absoluto a aquellas familias. Y desde ese mismo respeto, nos sirve para asomarnos a un juego que fue de todos en los pueblos de entonces.

¿En qué consiste el juego de la barra?

El juego de la barra

El juego era sencillo: lanzar una pesada barra de hierro lo más lejos posible, con un giro limpio o un impulso en seco, para ver quién era el mozo más bravo del lugar.

El juego de la barra (o tiro de barra) no era un pasatiempo cualquiera; constituía todo un ritual de virilidad, orgullo y destreza física en el mundo rural tradicional, hundiéndose sus raíces en los trabajos cotidianos del campo y las herrerías.

En una época en que la fuerza se medía en el campo, en la cantera o en la vía del tren, las herramientas de faena se reconvertían en instrumentos de ocio.

El juego de la barra no era cosa solo de Matillas

Aquí (y en muchos otros lugares) se tiraba la barra. En otros tantos se tiraba la azada: segadores y labradores improvisaban campeonatos al acabar la jornada, con lo que tenían a mano. Retos que nacían del propio trabajo del campo, donde la fuerza era el pan de cada día.

 

Es más, incluso el lanzamiento de martillo que hoy vemos en los Juegos Olímpicos guarda parentesco con estas costumbres. En las ferias del norte de Europa y en las tradiciones celtas, herreros y aldeanos competían lanzando herramientas de la fragua.

Memoria y respeto

Recordar aquel día no busca remover tristezas, sino rescatar la humanidad de quienes nos precedieron. Aquellos hombres y mujeres reían, trabajaban y convertían cualquier descampado en pista de juego.

La próxima vez que paseemos por Matillas, imaginemos por un momento el eco de aquellas risas domingueras y el silbido de la barra cortando el aire.

Y acordémonos también del aviso con el que abría el semanario. Un siglo después, sigue valiendo: ¡Cuidado de los niños!

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lunes, 5 de octubre de 2026 / No Hay Comentarios » / Por Equipo Matillas.org




El camino más corto para subir a Matillas La Vieja

Camino más corto

El tiempo pasa, los paisajes cambian y -si uno se descuida un poco-, la memoria de nuestras veredas correría el riesgo de esfumarse para siempre.

Sin embargo, en Matillas  sobrevive el empeño constante por recuperar nuestros caminos antiguos. Precisamente, gracias a ello se pudo recuperar del olvido la vía más directa para subir a Matillas La Vieja.

Enlace Google Maps

Una vía recta a media ladera

Este camino recuperado se sitúa a media altura del camino real, ofreciendo una alternativa tan práctica como directa. Su mayor atractivo es que permite subir a Matillas La Vieja prácticamente en línea recta, de forma mucho más eficiente que subiendo por el camino de la cantera.

Camino más corto

La dura batalla contra el olvido

Quien conozca el terreno sabe que este camino no es fruto de la casualidad, sino del esfuerzo.

Si no se está encima de los caminos de manera constante, la naturaleza es implacable y desaparecerán por el desuso, la maleza y el paso del tiempo. Pero no solo eso: hasta no hace mucho, uno de los mayores problemas era que habían estado arando encima de la traza original, borrando los límites históricos del camino.

Recuperemos lo nuestro

Poco a poco, con constancia y trabajo, mantenemos viva la memoria y combatimos el abandono y el olvido. Poder volver a transitar esta vía directa a Matillas La Vieja no es solo una cuestión de comodidad para pasear: es una forma de mantener vivo el mapa sentimental de nuestro pueblo.

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martes, 29 de septiembre de 2026 / No Hay Comentarios » / Por Equipo Matillas.org




¿Quién aguanta los 40 grados en la vía? El precio humano del ferrocarril

Trabajadores en las vías

El calor no perdona.

Cuando el termómetro marca 38 o 40 grados, la vida busca instintivamente el fresco dentro de casa. Sin embargo, a muy pocos metros de casa, en las vías, el panorama es radicalmente distinto. Allí no hay sombra.

En la vía, el calor cae a plomo: Rebota y se multiplica. Las vías y el balastro absorben la radiación durante horas hasta convertir la línea en una auténtica sartén.

Sobre ese lecho, los operarios deben sobrevenir las circunstancias: El único alivio frente a la canícula son unas destartaladas sombrillas de playa en la grava y no dejar ni un solo metro de piel al sol.

Entre la desesperación por los retrasos y la realidad a pie de obra

Es comprensible la queja y la exigencia de que las infraestructuras cumplan sus calendarios.

Sin embargo, cuando uno se asoma a la trinchera de la vía y ve el aire temblar por la calima, la perspectiva cambia.

Es fácil trazar planes sobre un plano o poner fechas límite en un despacho climatizado; otra cosa muy distinta es aguantar cuando el cuerpo pide detenerse para no colapsar. La física y la salud tienen límites que es difícil concebir.

¿Quién está dispuesto a trabajar así?

En pleno siglo XXI, ¿quién asume hoy un trabajo de tal dureza física?

Tradicionalmente, la obra civil más exigente ha recaído sobre quienes tienen pocas alternativas y una inmensa necesidad y capacidad de sacrificio.

No es un fenómeno nuevo.

Trabajadores en las vías

Cuando en el siglo XIX se acometió la titánica construcción del primer ferrocarril transcontinental en Estados Unidos, fueron miles de trabajadores chinos —sometidos a condiciones despiadadas, salarios inferiores y un aislamiento total— los que dinamitaron montañas y tendieron traviesas bajo soles de justicia y nieves implacables. Su esfuerzo titánico levantó una nación, aunque la historia tardase décadas en reconocer su dignidad y su valor.

Es más, en España, el uso de presos republicanos en régimen de trabajos forzados fue una práctica sistemática de la dictadura franquista para reconstruir y expandir las infraestructuras ferroviarias en España.

A través del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo y los Batallones de Trabajadores, miles de represaliados sufrieron condiciones extremas de explotación. En las principales infraestructuras y líneas históricamente vinculadas a FEVE o al norte de España trabajaron prisioneros republicanos.

Trabajadores en las vías

Salvando las evidentes distancias con aquel pasado, hoy en día el perfil de quienes están a pie de vía sigue marcado por la precariedad de la subcontratación y una exigencia física severa.

Son cuadrillas de trabajadores —a menudo migrantes o personas desplazadas de sus hogares durante meses— que encadenan jornadas maratonianas en condiciones que la mayoría rechazaríamos de plano.

Si las obras no avanzan al ritmo prometido, rara vez es por falta de sudor de quienes están abajo; más bien responde a problemas de logística, gestión de contratas y falta de relevos suficientes para acometer faenas que, por pura salud laboral, no deberían prolongarse en las horas centrales del día.

La maquinaria sigue en marcha

El progreso es indispensable, y exigir que las obras se terminen en tiempo y forma es un derecho legítimo. Pero la próxima vez que miremos las vías y nos impacientemos por la lentitud de los trabajos, conviene recordar a quienes están ahí abajo, bajo la sombrilla y sobre el balastro ardiendo, dejándose la piel para que el progreso siga su ritmo.

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domingo, 13 de septiembre de 2026 / Comentarios desactivados en ¿Quién aguanta los 40 grados en la vía? El precio humano del ferrocarril / Por Equipo Matillas.org




De cómo vivimos el eclipse en Matillas: cuando el cielo se apagó y nos dejó sin palabras

De como vivimos el eclipse

Por mucho que nos lo hubieran explicado con números y esquemas, por muchas fotografías o vídeos que hubiéramos visto antes, nada —absolutamente nada— nos había preparado para lo que íbamos a sentir cuando el Sol se apagó a plena luz del día.

Sabemos que todo es pura mecánica celeste: la Luna interponiéndose con precisión milimétrica entre el Sol y la Tierra. Ciencia pura.

Pero cuando lo estás viviendo sobre el terreno, la teoría salta por los aires y te golpea de lleno una experiencia sensorial arrolladora, casi mística, que te encoge el pecho.

El silencio antes del asombro

 

Los minutos previos a la totalidad tuvieron algo de inquietante y sobrenatural. De repente, la luz cambió a un tono grisáceo y metálico, un crepúsculo extraño que no pertenecía ni al día ni a la noche. La temperatura cayó, se levantó una brisa fresca e imprevista y la naturaleza pareció contener la respiración: el entorno enmudeció, como si el tiempo y el universo entero se hubieran quedado en pausa.

Y entonces llegó el momento.

La oscuridad y tocar el infinito

 

El instante en el que abrimos los ojos fue un estallido. En el cielo quedó suspendido un círculo negro absoluto rodeado por la corona solar: un anillo ardiente, blanco perla, con un halo rosáceo, amarillento y fulguraciones vivas que parecían respirar.

En ese momento exacto, la contención se rompió por completo.

El torrente de emociones fue ingobernable y a cada uno le nació responder como pudo: unos gritaban al cielo fascinados («¡qué maravilla, qué bonito!»), otros aplaudían, muchos no podíamos articular más que un «buah, buah, buah» incrédulo mientras intentábamos mirar a todas partes sin perder detalle. Las lágrimas salieron a borbotones, sin freno, fruto de un escalofrío que nos recorrió el cuerpo de arriba abajo.

Muchos buscábamos un rincón tranquilo para vivirlo a nuestra manera, pero al final la magia estuvo en compartirlo. Entre cámaras y trípodes, nos abrazamos con amigos, buscamos con la mirada a los vecinos para fundirnos en un abrazo con los ojos empañados y nos descubrimos siendo parte de una pequeña comunidad improvisada. Matillas compartiendo el mismo latido, sobrecogidos y maravillados ante nuestra propia pequeñez.

El redoble final

Fueron apenas unos minutos, pero parecieron una eternidad suspendida. De pronto, el primer destello rompió por el borde y la luz regresó con fuerza para transformar la noche de nuevo en día.

Se acabó tan rápido como llegó, dejándonos con la piel erizada y la certeza de haber presenciado un auténtico regalo de la vida.

No hay adjetivos suficientes para describirlo: quien estuvo allí sabe que es algo que no se borrará de la memoria jamás.

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domingo, 30 de agosto de 2026 / Comentarios desactivados en De cómo vivimos el eclipse en Matillas: cuando el cielo se apagó y nos dejó sin palabras / Por Equipo Matillas.org




Titánico, colosal y de vanguardia: Cuando Matillas tuvo un gigante de metal de 49 metros

Horno Rotatorio Matillas
Foto original (Laplazuela.net)

 

A veces cuesta imaginar la magnitud de lo que fuimos si observamos únicamente las ruinas que quedan en pie.

Hoy, cuando paseamos por el entorno de la fábrica, el silencio parece haber ganado la partida. Sin embargo, si echamos la vista atrás y recurrimos a la memoria documentada y a las fotografías de época, descubrimos que lo que allí bullía no era una fábrica cualquiera: era vanguardia e ingeniería de primer nivel en la España de principios del siglo XX.

El mejor ejemplo de este prodigio de la técnica fue, sin duda, su colosal horno rotatorio para la fabricación de cemento. Un monstruo de hierro e ingeniería de cuarenta y nueve metros de longitud por dos metros y setenta centímetros de diámetro, instalado en El León por la firma Herederos de Alexander Hermanos allá por 1915.

Un prodigio colosal para la época

 

Horno Rotatorio Matillas
Foto original: (Flores y Abejas 20-11-1920)

 

Para entender la verdadera dimensión de esta mole hay que situarse en el contexto de 1915. España era entonces un país fundamentalmente rural e industrialmente desigual. Ver llegar a Matillas la maquinaria despiezada de este gigante debió de ser un acontecimiento histórico para la comarca.
Pensad en la escala una vez montado en la fábrica: un cilindro continuo de casi 50 metros de largo (el equivalente a un edificio de más de 15 plantas recostado en el suelo) girando a altas temperaturas de forma ininterrumpida. Semejante estructura tenía la escalofriante capacidad de calcinar 40.000 toneladas de cemento anualmente. Para la época, esto no era solo una gran producción, era un esfuerzo de ingeniería que colocó a Matillas en el mapa nacional del progreso y la construcción moderna.

La memoria que rescatan las imágenes

 

Horno Rotatorio Matillas
Foto original: (Todocoleccion)

 

Con el cierre de las instalaciones y el fin de la actividad fabril, de aquel prodigio no quedaron ni las cenizas. El horno fue desmantelado y, como tantos otros elementos de nuestro patrimonio industrial, acabó reducido a chatarra o dispersado lejos de aquí. Con su marcha se fue también una parte esencial de la identidad de Matillas y del sustento de muchísimas familias del valle.

Por eso adquiere tanto valor la fotografía histórica. Nos quedan las imágenes, los grabados y las reseñas técnicas de la época. Es gracias a esas estampas —donde la escala humana se ve reducida a una pequeña sombra— que hoy podemos proyectar en nuestra mente el verdadero alcance de la maquinaria que albergó nuestro pueblo.

El patrimonio no solo son las catedrales o los palacios de piedra; también lo fueron estos titanes de que trajeron el futuro a Matillas. Aunque el horno ya no esté, recordar la escala de lo que un día se levantó en El León es la mejor manera de no dejar que nuestra historia caiga en el olvido.

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La Cruz y la Veleta regresan a Matillas la Vieja

Matillas La Vieja sigue viva

 

Quienes decidan subir estos días a Matillas la Vieja se van a encontrar con una estampa realmente emotiva. Tras el triste hundimiento en su día de la Torre de la iglesia, parecía que parte de nuestra memoria colectiva se desvanecía. Sin embargo, el esfuerzo y la constancia han demostrado que el pasado de Matillas no se olvida tan fácilmente.

 

Matillas La Vieja sigue viva

 

Gracias a una impecable labor entre la Asociación de Agricultores/Ganaderos y Cazadores, la Autoridad Eclesiástica local y el Ayuntamiento, se han logrado recuperar dos piezas fundamentales de nuestro patrimonio histórico y sentimental: la Cruz de la iglesia y la Veleta.

 

Matillas La Vieja sigue viva

 

Ambos iconos no solo han sido salvados del olvido, sino que ya lucen orgullosos en su nueva ubicación, quedando perfectamente instalados sobre unas bases preparadas para la ocasión. Desde esta atalaya privilegiada, la Cruz y la Veleta vuelven a presenciar, de forma perpetua, la belleza y el día a día de nuestros campos.

 

Matillas La Vieja sigue viva

 

Un agradecimiento a todos

Detrás de cada logro siempre hay vecinos que arriman el hombro de forma decisiva. Por eso, desde aquí queremos hacer público un agradecimiento muy especial:

  • A Mario y Javi, quienes tras el derrumbe de la estructura de la torre reaccionaron a tiempo y pudieron rescatar los elementos y evitar que se perdieran para siempre.
  • A Manuel, por encargarse personalmente de llevar a cabo la instalación técnica en esta nueva localización en Matillas la Vieja.
  • Y, por supuesto, a todas las personas, vecinos y colaboradores que de una forma u otra han aportado su granito de arena para que Matillas La Vieja siga latiendo fuerte.

 

Matillas La Vieja sigue viva

 

Subir a Matillas la Vieja ahora tiene un significado añadido. No es solo pasear por nuestros orígenes, sino comprobar cómo la unión es capaz de levantar y custodiar los símbolos que nos definen. La Cruz y la Veleta ya vigilan el horizonte: nuestra historia sigue viva.

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El pilón pide un poco de mimo

El pilon pide un poco de mimo

 

Una de las estampas más clásicas en Matillas es la fuente de la plaza.

Sin embargo, si nos acercamos estos días, observaremos que el agua ha cobrado un tono más oscuro y que el verdín y las algas han empezado a adueñarse de la superficie. Como sabemos que el mantenimiento conlleva mil tareas y que siempre hay mil frentes abiertos, queremos comentar este tema desde el máximo respeto y cariño.

El pilon pide un poco de mimo

¿Es bueno el verdín para los peces?

Existe la creencia de que un poco de alga es natural, y en parte es cierto. Las algas forman parte del ecosistema, pero cuando el verdín ocupa gran parte de la superficie, la cosa cambia:

  • Oxigenación: Un exceso de algas consume el oxígeno que los peces necesitan para respirar.
  • Visibilidad y luz: Si la capa es muy densa, impide que la luz llegue correctamente al fondo, alterando el equilibrio del agua.
  • Higiene: Aunque los peces aguantan carros y carretas, un agua excesivamente estancada y sucia puede acabar provocándoles enfermedades.
El pilon pide un poco de mimo

Una propuesta constructiva

Sabemos que limpiar el pilón no es solo vaciar y llenar; requiere tiempo y cuidado.

Por eso, desde estas líneas, lanzamos una sugerencia: quizás una pequeña jornada de limpieza o un filtrado del agua le devolverían al pilón ese brillo que tanto luce en el centro de nuestra plaza.
Tener una fuente lustrosa es un privilegio que da vida y orgullo a Matillas.

Cuidar los pequeños detalles es lo que hace grande a nuestro pueblo. Confiamos en que, poco a poco y entre todos, sigamos manteniendo nuestros rincones tan bonitos como se merecen.

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domingo, 3 de mayo de 2026 / Comentarios desactivados en El pilón pide un poco de mimo / Por Equipo Matillas.org




Si pudieras viajar en el tiempo, ¿qué rincón de Matillas visitarías?

Hotel del Director

Si a alguien le van los viajes en el tiempo y todas esas historias de ciencia ficción, seguramente habrá fantaseado alguna vez con retroceder el reloj. Si quisieras vivir en tiempos antiguos, la pregunta es obligada: ¿en qué momento exacto te gustaría estar en Matillas?

Hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, estamos intentando darle una nueva vida a esos edificios o a esos momentos que se perdieron en el tiempo. No es solo por nostalgia; es que para no olvidar quiénes somos, es fundamental recordar nuestro pasado y de dónde venimos.

A nosotros, personalmente, nos encantaría aparecer en aquella época en la que Matillas era un referente industrial en Guadalajara. Nos gustaría ver con nuestros propios ojos el pueblo y la fábrica en su máximo esplendor, cuando el trasiego de gente, el sonido del progreso y la actividad diaria marcaban un ritmo envidiable en toda la comarca.

De momento, como todavía no hemos dado con la truco de la teletransportación temporal, nos conformamos con reconstruir retazos de nuestra memoria visual.

Un ejemplo es el Hotel del Director, un edificio del que apenas nos acordamos pero que fue pieza clave en el paisaje Matillas. Virtualmente hoy podemos verlo con una nitidez que el tiempo nos ha robado, tal y como permanecen en el recuerdo de los más veteranos:

Hotel del Director

Click para ampliar

La original nos la envió Marifé hace un tiempo:

Hotel del Director

Esta nuestra forma de mantener viva la llama de lo que fuimos. Pero ahora te toca a ti…

¿Si pudieras viajar en el tiempo, dónde te gustaría estar en Matillas?
¡Cuéntanos tu momento favorito en los comentarios o en nuestras redes!
Y si tienes alguna foto antigua que quieres darle vida, compártela e intentaremos revivirla.

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lunes, 20 de abril de 2026 / Comentarios desactivados en Si pudieras viajar en el tiempo, ¿qué rincón de Matillas visitarías? / Por Equipo Matillas.org




Los otros mosaicos de Matillas: El arte de la paciencia y el cemento

En Matillas, cuando hablamos de mosaicos, no nos referimos a esas teselas romanas de los libros de historia. Aquí hablamos de los «Mosaicos del Fénix», esas baldosas hidráulicas que todavía visten los suelos de muchas casas antiguas. Lo que antaño se ponía por pura economía —era lo que había a mano y lo más económico— hoy se ha convertido en una pieza de coleccionista que vuelve a estar de rabiosa actualidad.


Recientemente, los compañeros de Castilla-La Mancha Media (CMMedia) han visitado a uno de los poquísimos maestros mosaiquistas que mantienen vivo el oficio en España. A través de su labor, podemos entender mejor cómo se fabricaron esos suelos que pisamos en casa de nuestros abuelos.

El mosaico no entiende de prisas


Fabricar un mosaico hidráulico es un trabajo puramente artesanal donde apenas han cambiado las herramientas en décadas. El proceso, tal y como nos explican en el reportaje, sigue unos pasos muy definidos:

1. El diseño y la trepa: Todo empieza con el dibujo. Se utiliza un molde de hierro llamado «trepa», que es el que delimita las zonas donde irá cada color. Es un rompecabezas de metal donde se vierte la esencia de la baldosa.

2. El vertido de los pigmentos: No se utiliza pintura superficial, sino una mezcla de cemento blanco, mármol en polvo y pigmentos. El artesano vierte con cuidado esta «pasta» en los huecos de la trepa según el diseño elegido. Algunos modelos complejos pueden llevar hasta 16 colores diferentes.

3. El cuerpo de la baldosa: Una vez completado el dibujo, se retira la trepa y se añaden capas de cemento seco y arena, que servirán de base y ayudarán a absorber el exceso de humedad de la capa decorativa.

4. La prensa hidráulica: Aquí es donde ocurre la magia (y de donde viene su nombre). La pieza se somete a una gran presión en una prensa. No se cuecen en horno, sino que la presión compacta los materiales de tal forma que quedan sellados.

5. El fraguado y el agua: Tras desmoldar la pieza, viene la parte más crítica: el secado. Las baldosas deben secarse al aire durante 24 horas y, posteriormente, sumergirse en agua otras 24 horas para que el cemento hidrate perfectamente y gane su dureza característica.

Un legado en cada pisada

Es curioso cómo el tiempo pone las cosas en su sitio. Aquellos suelos que en Matillas se instalaban por ser prácticos y accesibles, son hoy un símbolo de distinción y artesanía. Como bien dicen en el video, estos mosaicos no son solo suelo; conservan una historia y un legado familiar que sigue vivo pieza a pieza.

La próxima vez que entren en una de las casas viejas del pueblo y miren hacia abajo, fíjense bien en esos dibujos. Ahora ya saben que detrás de cada flor y cada greca hay horas de prensa, agua y el saber hacer de manos expertas.

Puedes ver el proceso completo de fabricación en el reportaje de CMMedia aquí:
–Tercera generación fabricando suelo hidráulico
Y una versión ampliada en la web de CMMedia:
– La casa del Mosaico, hogar de una técnica casi extinta

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domingo, 22 de febrero de 2026 / Comentarios desactivados en Los otros mosaicos de Matillas: El arte de la paciencia y el cemento / Por Equipo Matillas.org




Entre ángeles y pesetas: El legado de mi abuela e historias de las iglesias de Matillas

La historia de Matillas no solo se escribe en los libros oficiales, sino en la memoria viva de quienes presenciaron los días más oscuros de nuestra tierra. En esta charla con mi abuela, Josefa Fernández (q.e.p.d.),  rescatamos el relato de lo que ocurrió en lo alto del cerro, en la antigua iglesia de Matillas.

El incendio en Matillas

Todo comenzó con el estallido del conflicto. El pueblo fue testigo del primer golpe contra su patrimonio. Mi abuela lo recuerda con total claridad:

«Al principio del de la guerra quemaron la iglesia de Matillas La vieja.»

Aquel acto no fue algo lejano o ajeno, sino algo que ocurrió cuando el país entero ya estaba sumido en el caos:

«Fíjate, ya estaba la guerra levantada y bien levantada. Ya había frentes por muchísimos sitios.»

Los responsables y la destrucción

Al preguntar sobre quiénes llevaron a cabo aquel incendio, el testimonio es crudo y directo sobre los autores y el estado en el que quedó el edificio:

«Y los que la quemaron eran del mismo pueblo. Comunistas. Fueron tres. Fueron tres para destrozar todo y quemar todos los habitáculos del cura y todo. La quemaron los rojos. La destrozaron los rojos. La dejaron con las paredes solo.»

Dentro de aquellas paredes, antes de las llamas, se encontraba la devoción de todo un pueblo organizada en sus altares:

«Allí estaba San Antonio en un altar. Y en el otro el Sagrado Corazón. Y luego la Inmaculada en el altar mayor. Y el altar era todo con ángeles.»

El rescate del ángel y la pila bautismal

Del esplendor de aquel altar mayor apenas quedó nada, salvo un pequeño milagro y la pesada piedra de la pila que hoy todavía se conserva en la nueva iglesia:

«Pero lo quemaron todo, solo quedó la pila bautismal y un angelito del altar mayor.»

Ese angelito no se salvó por azar, sino por la valentía de mi bisabuela, que se arriesgó en medio del desvalijamiento para preservar un pedazo de historia:

«Mi madre fue corriendo y salvó un ángel que estaba suelto. Y lo guardó y lo metió entre los teguillos del tejado.»

La iglesia como cuartel y la reconstrucción forzosa

Con el avance de la guerra, el uso del edificio cambió drásticamente. Lo que fue un templo pasó a ser el centro logístico de las tropas que llegaron después:

«Y luego vinieron los italianos y los nacionales y entonces hicieron allí el cuartel y obligaron a los rojos a arreglar toda la iglesia. A todos los prisioneros los llevaban con una manga cortada para distinguirlos de lejos si era prisionero o no era. Para que veas tú, hay muchas cosas pero malas.»

Bajo la supervisión de los nuevos mandos, se intentó devolver al templo una apariencia de normalidad, aunque las imágenes ya no fueran las originales:

«Luego, cuando la hicieron los rojos, arreglaron los altares porque estaban también destrozados y trajeron otras imágenes. Pusieron otras imágenes parecidas.»

El día a día en el pueblo estaba marcado por la presencia constante de tropas extranjeras:

«Durante la guerra la iglesia estuvo llena de militares y de estos, ¿cómo se llaman?, italianos. Sí, llena de italianos estaba la iglesia. Y el pueblo todo lleno de carrascas puestas y adornadas con verde. Lo utilizaban como si fuera un cuartel. Como no tenían local ninguno en el pueblo más que ese, pues lo utilizaron para guisar, allí guisaban.»

La tragedia humana más allá de las paredes

Pero la conversación no solo trata de edificios; trata de las vidas que se perdieron en los alrededores de Matillas, en lugares que hoy pisamos sin pensar en lo que allí ocurrió:

«Y a los curas que podían enganchar, el de Peñablanca, el de Membrillera, allí lo mataron. En la curva que hay en Peñablanca que hay una piedra grande de arena, allí hicieron una cruz, una raya como una cruz y allí lo mataron. Al cura de Membrillera. Mataron muchos y sin ser curas. A mi suegro, que le echaron a Miralrio por eso se lo llevaron y no sabemos dónde están los restos.»

El descenso a Matillas y la nueva catedral

Acabada la guerra, poco a poco la vida se trasladó a la Estación y nació con ello la necesidad de tener la parroquia más cerca de casa:

«La capilla de la fábrica la hicieron porque a la gente ya les costaba subir a Matillas a misa. Entonces pasaron de la de Matillas a la de la fábrica»

Con el crecimiento de la Estación y el paso de los años, se proyectó la nueva iglesia que preside hoy la Plaza Mayor, una construcción que para mi abuela superaba con creces la sencillez de las capillas anteriores:

«Eso es, eso que ya es una catedral. Ya, fíjate ¡pues para qué tanta iglesia!»

Pero levantar aquella «catedral» no fue cuestión de subvenciones ni de ayudas externas; fue el resultado del sacrificio directo de los vecinos, que durante mucho tiempo trabajaron y restaron una parte de sus humildes salarios para ver su iglesia terminada:

«Y luego tuvimos que estar los demás dos años o tres pagando no sé si eran cinco o eran diez pesetas todos los meses para pagar los gastos que había habido.»

Una historia de iglesias de Matillas

Desde las paredes desnudas de Matillas La Vieja hasta la “nueva catedral”, la historia de nuestras iglesias refleja la evolución del pueblo. Un camino marcado por la pérdida, el traslado y, sobre todo, por los sacrificios por mantener viva la fe.

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domingo, 18 de enero de 2026 / Comentarios desactivados en Entre ángeles y pesetas: El legado de mi abuela e historias de las iglesias de Matillas / Por Equipo Matillas.org