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Los otros mosaicos de Matillas: El arte de la paciencia y el cemento

En Matillas, cuando hablamos de mosaicos, no nos referimos a esas teselas romanas de los libros de historia. Aquí hablamos de los «Mosaicos del Fénix», esas baldosas hidráulicas que todavía visten los suelos de muchas casas antiguas. Lo que antaño se ponía por pura economía —era lo que había a mano y lo más económico— hoy se ha convertido en una pieza de coleccionista que vuelve a estar de rabiosa actualidad.


Recientemente, los compañeros de Castilla-La Mancha Media (CMMedia) han visitado a uno de los poquísimos maestros mosaiquistas que mantienen vivo el oficio en España. A través de su labor, podemos entender mejor cómo se fabricaron esos suelos que pisamos en casa de nuestros abuelos.

El mosaico no entiende de prisas


Fabricar un mosaico hidráulico es un trabajo puramente artesanal donde apenas han cambiado las herramientas en décadas. El proceso, tal y como nos explican en el reportaje, sigue unos pasos muy definidos:

1. El diseño y la trepa: Todo empieza con el dibujo. Se utiliza un molde de hierro llamado «trepa», que es el que delimita las zonas donde irá cada color. Es un rompecabezas de metal donde se vierte la esencia de la baldosa.

2. El vertido de los pigmentos: No se utiliza pintura superficial, sino una mezcla de cemento blanco, mármol en polvo y pigmentos. El artesano vierte con cuidado esta «pasta» en los huecos de la trepa según el diseño elegido. Algunos modelos complejos pueden llevar hasta 16 colores diferentes.

3. El cuerpo de la baldosa: Una vez completado el dibujo, se retira la trepa y se añaden capas de cemento seco y arena, que servirán de base y ayudarán a absorber el exceso de humedad de la capa decorativa.

4. La prensa hidráulica: Aquí es donde ocurre la magia (y de donde viene su nombre). La pieza se somete a una gran presión en una prensa. No se cuecen en horno, sino que la presión compacta los materiales de tal forma que quedan sellados.

5. El fraguado y el agua: Tras desmoldar la pieza, viene la parte más crítica: el secado. Las baldosas deben secarse al aire durante 24 horas y, posteriormente, sumergirse en agua otras 24 horas para que el cemento hidrate perfectamente y gane su dureza característica.

Un legado en cada pisada

Es curioso cómo el tiempo pone las cosas en su sitio. Aquellos suelos que en Matillas se instalaban por ser prácticos y accesibles, son hoy un símbolo de distinción y artesanía. Como bien dicen en el video, estos mosaicos no son solo suelo; conservan una historia y un legado familiar que sigue vivo pieza a pieza.

La próxima vez que entren en una de las casas viejas del pueblo y miren hacia abajo, fíjense bien en esos dibujos. Ahora ya saben que detrás de cada flor y cada greca hay horas de prensa, agua y el saber hacer de manos expertas.

Puedes ver el proceso completo de fabricación en el reportaje de CMMedia aquí:
Tercera generación fabricando suelo hidráulico [1]
Y una versión ampliada en la web de CMMedia:
– La casa del Mosaico, hogar de una técnica casi extinta [2]

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