Lo que una lápida de Matillas cuenta mejor que mil libros de historia

   

domingo, 6 de septiembre de 2026 / 42 lecturas

Lapida Matillas

A veces, para entender cómo era la vida hace un siglo, no hace falta bucear en tratados sesudos de demografía. Basta con ver los detalles y observar con los ojos bien abiertos, fijándonos no solo en lo que dice, sino en cómo se dice.

Y así nos encontramos la lápida de Romana Castillo Serrano, fallecida a finales de agosto de 1930, con 35 años.

Lapida Matillas

Al bajar la vista al epitafio, leemos con curiosidad:

«AQUI YACE ROMANA CASTILLO SERRANO, FALLECIÓ EL 27 DE AGOSTO 1930 A LOS 35 AÑOS DE DAD TU ESPOSO E IJA I PADRES I ERMANO NOTE OLBIDAN R. Y. P.»

La primera reacción de quien lo lee hoy suele ser de extrañeza: faltan haches (ija, ermano), se cuela una uve cambiada por be (olbida»), las palabras se juntan (note), se comen vocales (dedad) y se remata con un R.Y.P. con Y en lugar de la tradicional I latina.

¿Cómo es posible que una lápida,  destinada a durar para la eternidad, tenga faltas de ortografía tan básicas?

La respuesta no está en el descuido ni en la desgana.

Al contrario: está en la historia real de España hace un siglo.

Hacia 1930, en España más de un tercio de la población no sabía leer ni escribir, una cifra que en los pueblos y zonas rurales se disparaba con creces. Además, muchos de los que tenían un conocimiento básico, solo alcanzaron a ir a la escuela cuatro inviernos mal contados, entre la siembra y la siega.

Esa lápida es la evidencia de cómo se escribía en la España real de entonces: se escribía como se hablaba.

Se escribía como se hablaba

Para quien aprendió de oído, la hache no existe porque no suena; la b y la v suenan idénticas; y al decir «de edad» o «no te olvidan», la lengua junta los sonidos.

A eso hay que imaginar la escena cotidiana de aquel agosto de 1930.

La familia Castillo Serrano, rota de dolor, le dictaría las palabras a un vecino que supiera escribir, o le llevaría un papel al cantero de la zona. Y el cantero -un oficial de mazo y cincel- se limitó transcribir lo que le habían puesto delante. Una vez picada la piedra, ya no hay vuelta atrás ni botón de borrar. Rectificar era arruinar una piedra que a la familia le costaría meses de jornales pagar.

Por eso esta lápida cuenta mucho más entre líneas que cualquier biblioteca de historia social.

Nos habla de la escuela que faltó, del aislamiento del campo, pero sobre todo de algo mucho más hondo: el esfuerzo tremendo de una familia humilde por reunir unas perras, encargar una losa para la posteridad y dejar dicho, con las letras que buenamente tenían a mano, que no la olvidaban.
Casi un siglo después, la ortografía se habrá quedado corta, pero el mensaje nos llegó intacto. Y eso es lo único que de verdad importaba.

Espera, ¿y si se pagaba por el número de letras que iban escritas en la lápida?

No se vayan todavía, que quizás la explicación sea más prosaica y terrenal. Y aquí vendría un detalle crucial que no solemos tener en cuenta: el precio de cada letra.

Antiguamente, los canteros y marmolistas no solo cobraban por el bloque de piedra, sino que tarifaban el trabajo a destajo: cada letra, número o símbolo labrado a golpe de cincel tenía un precio fijado. En una economía familiar donde cada peseta contaba y los jornales del campo apenas daban para subsistir, redactar una lápida era también un auténtico ejercicio de ajuste presupuestario.

Vamos, lo que venía a ser un telegrama pero en formato epitafio.

Había que condensar el dolor, el nombre y el recuerdo en el menor espacio y con el menor número de caracteres posible. Abreviar, suprimir letras redundantes, juntar palabras o recurrir a fórmulas telegráficas no era solo fruto de una escolarización precaria; era, muchas veces, la única forma de que la cuenta del picapedrero no se disparase. Cada letra que se omitía era un gasto menos; cada golpe de puntero contaba.

Ustedes quédense con la versión que mejor les venga.

Quizás sea por tema de transcripción oral básica o por cuestión puramente económica. O quizás ambas.

Esto sí que es un misterio a resolver.

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Este artículo fue escrito el domingo, 6 de septiembre de 2026 a las 21:38 y está guardado en la categoría Curiosidades. Puedes seguir los comentarios de este artículo con el RSS 2.0 feed. Both comments and pings are currently closed.